Media Cuartilla

Sobre esos que quedaron en la montaña sin tumba y sin gloria

Su hermano era un chavalo curioso, gordito, que tocaba la guitarra y había aprendido inglés de manera autodidacta. A los quince años soñaba con escribir el guión de una película. Se llamaba Róger. Un día de 1984 salió a clases, al Instituto Elvis Díaz, en Managua, y no regresó más.

“Mi madre se desesperó y pasó días buscándole sin resultados. Nadie sabía de él”, recuerda Francisco Alvarenga Lacayo, autor de la novela Sin nombre ni gloria.

Desde Holanda, donde Alvarenga Lacayo reside desde hace diez años, cuenta que supieron de su hermano por medio de una carta que él mismo escribió. “Decía que estaba en Pantasma, Jinotega, prestando su Servicio Militar Patriótico. Mi madre se alegró al saber que estaba vivo y a la vez se entristeció al enterarse de que su hijo de apenas quince años estuviese en la guerra”.

Meses después lo trasladaron  a una base militar y desde entonces perdieron contacto con él. “El cinco de diciembre de 1984 un par de militares llegaron a nuestra casa. Nos dijeron que Róger había caído en combate”, prosigue.

Sin embargo la familia recibió un cadáver equivocado. “Mi madre desesperada se movilizó hasta las montañas en busca del BLI Rufo Marín, en el que él estaba. Allí consiguió información de los caídos el dos de diciembre del 84 y con la astucia de una loba, logró localizar el lugar exacto donde había sido entregado y sepultado, pero en Managua le prohibieron seguir buscando respuesta y la amenazaron”.

Fue hasta en 2013 que lograron identificar el lugar donde fue enterrado. Había sido sepultado por otra familia en San Ramón, Matagalpa.

“Cuando tenía unos veinte años y a petición de mi madre, empecé a investigar por medio de exmilitares y de excontras. Entrevisté a más de cien personas”, relata Alvarenga Lacayo.

“A veces después de entrevistar a alguien me retiraba del lugar, me sentaba en cualquier lado y empezaba a llorar”, confiesa durante una entrevista por teléfono.

Un día de tantos, Alvarenga Lacayo encontró un blog. “Alguien que había estado en esa mierda de guerra relataba ese combate, ese día, y la forma en que moría su mejor amigo, a quien llamaba “El Gordo” Róger Ulises Narváez Lacayo… Ese era mi hermano”.

“Inmediatamente me comunique con él y me relató todo paso a paso y confirmó lo que mi madre había encontrado en aquellos amargos años. Mi madre había regresado varias veces al lugar en donde había sido enterrado y después de veintinueve años le sacamos y llevamos de regreso a nuestro pueblo, Diriamba, y lo sepultamos junto con los nuestros”.

LIBRO

¿Así fue que surgió la novela?

Tenía tanta información acerca de esa guerra, tantas historias de jóvenes que quedaron tirados como animales en esas montañas, que decidí en honor a ellos, a sus madres, a mi madre y a mi hermano, escribir lo que hoy es esta novela.

La novela trata de lo horrible  que es para una madre perder a un hijo, su lucha por saber la verdad y recuperar su cadáver si es que murió, porque para una madre no es nada fácil hacerse la idea si no ve a su hijo muerto, si no lo baña y no lo entierra.

Trata de lo duro que fue ese tiempo para nuestra juventud, lo que se vivió en esa guerra sin sentido y de cómo después de caer en combate, muchos de ellos eran abandonados en el campo de batalla como animales.

Pasé casi veinte años de mi vida investigando, pero valió la pena y el sacrificio. No se trata de una novela en contra de ningún gobierno en particular, se trata de una novela en contra de las guerras.

¿Qué te contó el autor del blog que hablaba sobre tu hermano?

Yo me reuní con él y me contó todo lo que se acordaba: cómo murió, cómo la vistieron, qué le pusieron, cómo iba su cadáver, quién murió al lado suyo…

Saber eso me hizo caer en la conclusión de que todo lo que mi madre supo era cierto y a través de ese relato volví al punto en donde mi madre abandonó la investigación, y de ahí logré llegar al punto final, que fue regresar con lo que quedaba de él a Diriamba.

Encontrar a este hombre nos quitó toda esperanza de encontrarle aún vivo, pero nos dio la seguridad de que él estaba allí en donde mi madre siempre pensó que estaba.

Podría uno creer que ustedes finalmente concluyeron el duelo, ¿es así?

Para mi madre fue una tortura por muchos años el no saber en dónde ni cómo había quedado su hijo. Encontrarlo y estar segura de que era él, le dio un poco de tranquilidad, por lo menos ahora no le espera cada día y tiene un lugar en donde ponerle flores.

¿Qué podemos encontrar en la novela?, ¿historias de madres que buscan a sus hijos?

En la novela encontrarás la historia de una madre que busca desesperada el cadáver de su hijo y que se enfrenta a muchas cosas para conseguirlo. Un personaje que vive muchas de las cosas que vivieron esos jóvenes en esa guerra y que viven hoy en día en cualquier guerra. (Este personaje nació de algunos de los relatos que encontré en esos años de entrevistas). Enriquecí el personaje de mi hermano con todo esto. Está contada en primera persona, yo voy contando desde mi punto de vista y dentro de ella.

Hay quienes creen que esos temas no deberían ser removidos tantos años después, ¿vos qué crees? 

Que quienes creen eso no perdieron a nadie en la guerra o no les conviene por alguna razón.

Preguntale a esas miles de madres que perdieron a un hijo y verás que para ellas no fue hace tantos años, para ellas fue ayer y lo continúan llorando como si fuese hoy.

Una madre no olvida, porque una madre nunca deja de amar.

Lo que pasó en Nicaragua en los ochentas no puede volver a suceder, no queremos que nuestros hijos queden tirados como animales en las montañas sin nombre ni gloria.

*La novela está disponible en Literatos y en Amazon.

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