Media Cuartilla

¿Cómo llegar a los 99 leyendo periódicos cada mañana?

Diez meses atrás murió su hermano menor. Cuando le comunicaron la noticia, ella pidió que buscaran el vestido blanco que tenía guardado para la ocasión. No hubo llanto ni reclamos a Dios. Como todos, él, a quien había amado, cuidado desde que era un niño y visto como a un hijo, debía morir. «Si el señor Jesús murió, ¿cómo no vamos a morir nosotros?», suele decir ella.

El 25 de junio cumplirá 99. Sigue levantándose cada día a las cinco de la mañana y bañándose con agua helada. Acostumbra a recordar el pasado, a tomar cada día una pastilla Divina, no tiene el hábito de irritarse y jamás se ha enemistado con la muerte.

La tía Mercha es la segunda de cuatro hermanos. Nacida en León y criada en un hogar pobre, se casó con un sastre de nombre Pompilio, con quien convivió cincuenta años. Pilo, le decíamos. Criaba gallos y tenía la mismo actitud que ella. Murió en la década de los 90. Cuando eso ocurrió tampoco lloró y si lo hizo fue poco. «Somos de la muerte», insiste ella siempre. «Todos nos vamos a morir, se murió San Benito, San…», vuelve.

En su casa a todos les dio chikungunya (dos niños y dos adultos de 38 y 37 años viven ahí) y solo a ella no la botó. «Es que la juventud de ahora no sirve, se han inventado unas enfermedades raras. Mi mamita me purgaba con caña fístola…», dice ella. Algo de razón tiene.

FOTO LOS TRES
La tía Mercha (de celeste) platica con mi abueli. De pie, el hermano menor de ambas, el tío Toño, ya fallecido.

Pragmatismo, buen humor, fe y cero drama parecen unirse en la filosofía de vida de la tía Mercha, quien siempre tiene una historia qué contar sobre la niñez de sus sobrinos y de su única hija, y a quien uno se puede encontrar cada mañana sentada en una mecedora leyendo los periódicos. A diario compra El Nuevo Diario y La Prensa y aunque por su avanzada edad ya no lee las letras pequeñas, sí repasa cada uno de los titulares.

Cualquiera pensaría que es fresca, me dice Mauricio, uno de sus nietos. «Nada más alejado de la realidad, lo que sucede es que no es dramática y usa el pragmatismo para reflexionar sobre las diversas situaciones», dice.

A todo esto ella le suma el amor por su familia. Cuando le pide ayuda a Dios, le solicita que mande a un familiar que esté en el cielo. Fue apoyo incondicional para mi abueli y sus ocho hijos e hijas y nos ha enseñado a nosotros, los que seguimos, la importancia de una sonrisa y del buen humor. No todos le hemos hecho caso, es cierto.

En su próximo cumpleaños celebraremos su ejemplo y actitud ante la vida.

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