Media Cuartilla

Un playlist en Spotify para sentirlo cerca

Media Cuartilla

Mientras escribo escucho a la Chavela Vargas. Del celular sale Angelitos negros. Cuando termine ella seguirá Pedro Infante. También cantará Angelitos negros. Crecí escuchando esa canción pero nunca me agradó. Ahora siento que oyéndola estoy un poco cerca de él. Así sobrellevo un poco el dolor.

Conocí el dolor la madrugada del 10 de septiembre, cuando murió mi tío René. En la madrugada del 12 de septiembre nos sentamos cerca del féretro y oímos una y otra vez Cantares. Bajito, en mi celular, escuchamos a Serrat (Caminante son tus huellas el camino y nada más…). A él le gustaba esa canción. A ratos la lluvia impedía que escucháramos la canción. A mi prima Maya, su hija menor, se le ocurrió entonces ponerle una serenata en el cementerio con las canciones que le gustaban. Le hice ver que sufriríamos cada vez que escucháramos una serenata pero estaba convencida, así que la mañana siguiente siguió con la idea y me dijo que consiguiéramos los mariachis. Le pedí a mi hermano que los buscara.

Con un lápiz y un papel me senté a la par de mi tía Alma y mi tía Milena para escoger las canciones que entonarían. Amorcito corazón, dijo una de ellas. Perfidia, siguió la otra. Sinceridad, coincidieron las dos. Agregamos El Rey y La Negra. Los señores de los mariachis dijeron que nos regalarían León jodido. Al final quitamos El árbol y yo porque Nel, su hijo mayor, quiso que le cantaran una melodía que mi tío le cantaba a él y cuyo nombre no recuerdo ahora.

He encontrado en la música una forma de alivio. En las noches de insomnio escucho bossa nova y así logro conciliar el sueño. Por eso ahora tengo un playlist para recordarlo cuando voy manejando o cuando me invade la tristeza porque recuerdo que ya no está físicamente entre nosotros. Tengo ya veinticinco canciones y algunas me hacen llorar más que otras. Un par me hacen recordarlo cantando. Lo recuerdo contento y lo veo también junto a mi tío Fili. Lo ubico en su casa sentando en una mecedora y cantando. Lo veo feliz. Con Los Churumbeles, Agustín Lara, Los Panchos y con tangos de Gardel lo siento cerquita.

Fui al Topkapi un día de estos y llegó un mariachi. Tuve que salirme antes de llorar. La música me hizo regresar mentalmente al cementerio, al momento en que dije: él no va en ese ataúd, está en mi corazón. Al instante en que uno por uno pasamos a despedirnos para besar su féretro y decirle hasta siempre.

Pongo punto final oyendo El árbol y yo y los veo a todos ellos cantando. Aunque en mi memoria hay pocos recuerdos de mi tía Mirna y de mi tío Carlos, logro visualizar a los ocho hermanos cantando a la par de mi abueli.

Aquel que broto y el tiempo pasó

mitad de mi vida con él se quedó

hoy bajo su sombra, que tanto creció

tenemos recuerdos… mi árbol y yo.

(Click aquí para leer lo que escribí sobre lo él en El Nuevo Diario)

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