Media Cuartilla

Este cuerpo fallado…

Así como está, con un pedazo de más o uno de menos, es el único cuerpo que tendré. Lo cuido, lo amo.

De niña me gustaba jugar. También me encantaba bailar. Mi madre me daba ciertas libertades. Jugar en la calle con los chavalos, por ejemplo. Aunque siempre me vigilaba, ella me decía “no dejés que te molesten, y si lo hacen, defendete. No te dejés”.

Una vez le reventé la nariz con una piedra a uno de los chavalos. Sentí que se estaba acercando mucho a mí y no me gustaba. ¡Fue en defensa propia! Entonces tenía buena puntería. No era tan miope como ahora. Le conté a mi madre, y ella me dijo “muy bien”.

Crecí corriendo de un extremo al otro de la cuadra, gritando “Arriba” y pegando carreras para que no me atraparan.

Tenía un cuerpo delgado, ágil, pero estaba fallado y no lo sabía. Tenía unas piernas ligeras y unos pulmones fuertes con los que gritaba “Libreeeee” cada vez que burlaba al bando contrario y liberaba a los atrapados.

Pero mi cuerpo dolía mucho. Durante cinco años mi madre me llevó de un médico a otro. Cada uno con un diagnóstico distinto. Era época de posguerra y no había muchas opciones.

Una vez le dijeron que yo había nacido con una pierna más corta. Otro doctor le advirtió que me iba a ir deformando hasta quedar inútil, y otro aseguró que no iba a servir para nada, que ni hijos iba a poder tener. A esa edad cuestionaba porqué sería malo no tener hijos.

En la escuela ya no podía hacer deporte y eso sí era malo. No podía correr, pero me hacía bien bailar y cada fin de semana me lo pasaba en una academia de danza.

Mi madre nunca se dio por vencida y siguió buscando opciones. Usé zapatos ortopédicos, hice fisioterapia, me metieron a natación…  Un día, sin querer, nos topamos en un hospital con un médico joven. No lo buscábamos a él, pero lo encontramos. Revisó las radiografías y dijo que el problema se podría solucionar con una cirugía para injertar una vértebra y completar lo que le hacía falta.

Mi “error de fábrica” tenía reparo. Solo había que cortar un hueso de aquí, pegarlo allá y esperar. ¡Por fin alguien que hablaba sencillo! Después vinieron dos o tres meses de mal humor, postrada en una cama, muchas horas de terapia y por segunda vez —pero con mejor memoria— aprender a caminar.

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A los años retomé el baile y volví a correr, temprano por la mañana o al final de día, según como iban las cosas en la universidad y el trabajo de medio tiempo que había conseguido.

Al principio corría sola. Y corría mal. Requetemal. Me di cuenta de eso tiempo después que me uní a un club de corredores aficionados y comenzamos a prepararnos para lograr hacer un medio maratón.

Comenzamos a sumar distancia. Un día 5k, otro día 7k, a la semana 10k y así fuimos hasta que alcancé marcar 18 kilómetros. Me sentía poderosa, “la mera bestia peluda”. Para mí era increíble aquella época.

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Hasta que un día me jodí la rodilla. Pensaba que era por los zapatos. Los cambié y seguí corriendo hasta que llegó un momento en que apenas podía caminar por el dolor.

¿Se acuerdan del médico que me reparó la columna? Pues me fui directo a la clínica. Un par de placas y ¡Bingo! Una rótula desviada. ¿Cómo me hice eso? “Si no te has caído, es porque así naciste”, me dijo.

Pues sí, nací con el cuerpo fallado. Pero es fuerte. Después de llegar a oír que me iba a ser inservible, para mí cada paso es como una bofetada en la cara del médico que lo diagnosticó. No por él, sino que siempre he odiado su pronóstico. 

Este cuerpo fallado y estas piernas siempre flacas y con defectos me han llevado a muchos lugares: ríos, montañas, volcanes y lo que falta. Desde que aprendí a caminar por segunda vez no he parado. Este cuerpo defectuoso me lo ha permitido.

Así como está, con un pedazo de más o uno de menos, es el único cuerpo que tendré. Lo cuido, lo amo. Y mientras tenga fuerzas me seguirá llevando a muchas montañas y volcanes más, porque quiero, pero sobre todo, porque puedo.

Voces sororas aborda durante el mes de septiembre la temática del cuerpo desde la visión y las realidades de distintas mujeres.

Ilustración realizada por Colectiva

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