Media Cuartilla

“La pandemia ha empeorado la situación de las mujeres”

"A veces te quedás con la sensación de que una mujer necesitaba ayuda y no se la pudiste dar porque también necesitás tu cuido, no podemos estar las 24 horas".

El teléfono se ha convertido en un elemento vital para la atención y seguimiento a los casos de abuso y violencia hacia las mujeres en los departamentos del norte de Nicaragua.

Ya sea por una llamada, un mensaje de texto o un audio, las víctimas de la violencia machista intentan pedir ayuda o asesoramiento a las defensoras de la Red de Mujeres del Norte, un colectivo que aglutina mujeres de los departamentos de Matagalpa, Jinotega, Estelí y Madriz.

Hasta antes de que la población implementara la autocuarentena para evitar la propagación del covid-19, la Red contaba con cinco oficinas a las que llegaban mujeres solicitando información sobre violencia física y patrimonial, demandas por pensión de alimentos, abusos o acoso sexual o pidiendo acompañamiento para iniciar procesos legales en contra de los agresores.

Sin embargo, a raíz de la emergencia sanitaria, las oficinas han tenido que cerrar, pero las violaciones a los derechos de las mujeres no se han tomado cuarentena, y las defensoras han optado por brindar asesoría a distancia para garantizar el seguimiento y la atención oportuna.

Jamileth Torres es una de estas defensoras, quien por más de 20 años ha estado a la par de las mujeres que buscan ayuda en Ciudad Darío, departamento de Matagalpa.

En esta entrevista señala que la pandemia ha venido a agudizar una crisis de violencia que se ha venido arrastrando por mucho tiempo. Durante el primer semestre del año, la Red atendió más de 400 mujeres en casos de violencia, un fenómeno que atribuye a las medidas de confinamiento, que vienen de la mano con dificultades económicas en los hogares.

Asegura que se están registrando casos de abuso sexual en niñas, desaparición de menores de edad, abusos sexuales y violaciones, violencia física y psicológica; pero también muchos casos de violencia patrimonial, en la que las mujeres tienen que salir de sus casas y no cuenta con argumentos legales que les den beneficios sobre una vivienda que se construyó en conjunto con su pareja.

¿Este aumento de casos puede atribuirse a la pandemia o ya existía un comportamiento machista que ahora se está haciendo más evidente?

El machismo es una cultura que ya está establecida, más en Nicaragua por la falta de medidas para la atención, erradicación y prevención de la violencia. El sistema no funciona para nadie, sin embargo, el hecho de que estemos en pandemia da paso a que los hombres se sientan con libertad, con garantía, pero también con derecho de seguir violentando.

Tampoco podemos perder de vista los migrantes que están regresando al país, pero también la salida de los presos comunes, que viene a agravar más la situación; porque cuando estos hombres no estaban, las mujeres estuvieron medio tranquilas porque no los tenían de frente, aunque siempre las llamaban y las hostigaban por teléfono.

¿Y de qué manera ha venido a agudizar esto la situación de las mujeres?

El estado emocional de las mujeres está totalmente desastroso. Nosotros estamos llevando estadísticas de las atenciones legales de las mujeres que van a procesos, pero también de las mujeres que están necesitando atención emocional porque la situación de pandemia, la salida del preso, el regreso del hombre que estaba emigrando, la situación económica, la falta de acceso a la justicia, las necesidades de los hijos… entonces la mujer está totalmente en desborde emocional.

Ustedes implementaron la opción de las asesorías a distancia a través de herramientas tecnológicas, ¿cómo está funcionando esta alternativa?

Tenemos pros y contras. La mujer que tiene nuestros números, puede tomar el teléfono y llamar, pues lo ha hecho.  Si se trata de una situación de violencia le damos las medidas de precaución que sean necesarias para su casa y su alrededor. Les pedimos que identifiquen a una persona que las ayude, que tengan un número de teléfono accesible. Darles orientaciones para que las tomen en cuenta ante una situación de peligrosidad.

El tema del teléfono ha sido muy importante, sin embargo, hay mujeres que necesitan una asistencia presencial, entonces nosotros buscamos otras formas de poder vernos con ellas, porque necesitan una atención diferente. Son casos en los que obligatoriamente tenés que asistirlas.

¿Y cuentan todas las víctimas con esas herramientas tecnológicas para poder solicitar ayuda a distancia?

No. Y esto también tiene que ver con otras cosas como las recargas (telefónicas), el acceso al internet, con los lugares donde las mujeres están establecidas que casi no hay señal.

¿Qué opciones les quedan?

Nosotras hemos venido fortaleciendo los tejidos comunitarios. Entonces lo importante es que haya una líder. Nosotros tenemos identificada una líder en cada comunidad y ella tiene conocimiento de gran parte de los casos de violencia que se están viviendo en las comunidades. Muchas veces es la líder la que nos llama para ponernos al tanto de los casos. Ella juega un papel importante porque es la primera que está conociendo la situación y la que va a guiar a la víctima para que tenga asistencia.

Usted mencionó que hay casos que requieren una atención personal con la víctima. ¿Cómo determinan qué casos lo ameritan y qué medidas están tomando para protegerse?

En todo caso nuevo con una situación de violencia grave definimos las medidas necesarias para concretar una reunión con ellas. Lo primero que creamos son las condiciones para que ella pueda salir de su casa sin peligro.

Vemos si no tiene mascarillas, si no tiene alcohol, si no tiene transporte, entonces buscamos a la líder. Incluso hay veces que llamamos al bus que sale de la comunidad para que la traiga y nosotras pagamos el pasaje. Pero lo importante es que esa mujer pueda salir de su comunidad sin que el hombre se dé cuenta y evitar que se ponga en mayor peligro. Hay mujeres que no pueden ni siquiera denunciar porque se agrava más la situación, entonces allí tomamos otras medidas para que ella se pueda proteger.

¿Qué tipo de medidas?

Los albergues, por ejemplo. Si una mujer va a poner una denuncia y sabe que el hombre se puede poner más agresivo, entonces hay que buscar cómo sacarla de la casa mientras el proceso se investiga y mientras el proceso se finaliza.

Le creamos un plan de seguridad, que tenga las coartadas para poder salir de la casa, que tenga sus papeles guardados, que tenga a mano su cédula, que tenga un recurso económico para salir.

Pero no solamente recogemos los datos de ellas, también hacemos un perfil del hombre: si ya estuvo preso, si resulta intimidante, si es agresivo, si fuma, bebe o se droga, si es pandillero. Entonces a través de ese perfil que nosotras hacemos, podemos medir un poco el tema de la peligrosidad.

Debido al hecho de que están conviviendo más tiempo con los hombres en casa, ¿no sienten las mujeres mayor inseguridad, incluso para hacer las llamadas?

Esa es una de las principales cosas que nos están diciendo las mujeres en estos tiempos. El tema del hombre dentro de la casa, el tema de la falta de trabajo que hace que el hombre no salga por mucho tiempo, se pone más violento, más agresivo y la mujer tiene que estar midiendo la situación.

Entonces la pandemia ha venido a empeorar la situación de las mujeres, incluso para buscar ayuda.

¿Y al estar en esa situación de mayor inseguridad, no se corre el riesgo de que la mujer calle o decida no denunciar?

Hay muchas mujeres que nos dicen: Yo ahorita no quiero denunciar, solo quiero que estén pendientes de lo que me está pasando. Nosotras hemos hecho perifoneos, programas de radio para informar a la mujer de cómo se puede defender. Estamos aportando nuestros números de teléfono para que sienta que tiene un elemento de ayuda en el momento en que se presente algo. Estamos pendientes de la situación.

Tampoco le podemos dar seguridad de que si denuncia el caso se va a resolver; porque eso no depende de nosotras, depende del sistema. Lo que tratamos es que ella se empodere, que tome las decisiones a la hora que sea necesario.

¿Cómo está siendo la respuesta tanto de la Policía como del Ministerio Público?

Nos atienden menos. Hay ocasiones en la que los jueces pasan hasta 15 días sin venir o porque se enfermaron o porque están en cuarentena y no hay quien los sustituya.

En Nicaragua el tema de la seguridad de las mujeres no es prioridad y por lo tanto no hay recursos. Entonces nos enfrentamos a la reprogramación de juicios, la falta de investigación, la falta de las Comisarías de la Mujer que, aunque están establecidas legalmente, no funcionan.

¿Estas trabas obligan a las mujeres a desistir?

En muchas ocasiones las mujeres dejan los temas botados por aburrimiento, porque se enojan, se frustran. Pero nosotras tratamos en la medida de lo posible que ellas se mantengan en el proceso. Por eso existimos nosotras, porque hay mucha necesidad de que les demos alternativas y la asistencia emocional es importante para que la mujer termine el caso.

Ustedes como defensoras, ¿qué desafíos adicionales están enfrentando en medio de esta emergencia sanitaria?      

Ahorita con la pandemia, buscamos en la medida de lo posible que en los lugares donde estemos haya alcohol, cloro, agua, jabón, mascarillas, para que tanto nosotras como ellas se puedan sentir tranquilas al nosotras abordarlas. Pero también venimos trabajando el tema del autocuido, el acuerpamiento entre organizaciones, para que una defensora se pueda atender emocionalmente porque cuando se elevan los casos las defensoras también se agotan, tienen situaciones emocionales, también se enferman y se enojan.

¿Cómo están logrando compaginar el trabajo en estas condiciones actuales con su vida familiar?

Antes de la pandemia nosotros habíamos establecido horarios, porque una mujer te puede llamar a la 1, 2 o 3 de la mañana. Ahorita lo que hemos estado haciendo es que dispusimos los números de teléfono para dar asistencia en horarios oportunos.

Hay momentos en que te quedás con la sensación de que una mujer necesitaba la ayuda y no se la pudiste dar porque también necesitás tu cuido, no podemos estar las 24 horas.

También tenemos necesidades, tenemos familia, sin embargo, tratamos en la medida de lo posible de cuidarnos nosotras y cuidarlas a ellas.

¿Ahora que sus números telefónicos son más públicos no han recibido algún tipo de amenazas?

Hay amenazas, que son reclamos de los hombres. Que si los vamos a echar presos, que qué es lo que les estamos diciendo a las mujeres, que en algún momento nos vamos a tener que ver las caras.

Son amenazas, agresiones directas de agresores que habían estado presos en casos que nosotros acompañamos o de los casos actuales que acompañamos.

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