Media Cuartilla

«¿Aló? Necesito ayuda». El grito de auxilio de las mujeres

En el contexto de la pandemia ha aumentado la demanda de atención por casos de violencia. Solo la Red de Mujeres del Norte atendió 400 en el primer semestre.

Al otro lado de la línea telefónica, la voz de la mujer se quiebra.

—Ya no lo aguanto, me voy a ir de esa casa— dice llorando.

La psicóloga la escucha, calla un momento y le pide que hagan juntas un ejercicio de respiración. Esta es la tercera vez que conversan.

La mujer que está llorando sufre desde hace mucho tiempo de violencia psicológica. Antes creía que los insultos de su esposo eran normales y merecidos. La humillaba constantemente porque no quedada embarazada.  

“No sos mujer porque no podés parir”, le repetía una y otra vez. “Tenés que aguantarme todo, si no me voy a buscar una mujer de verdad”, también solía decirle.

Cada vez que conversaban por la línea de emergencia creada por la Red de Mujeres contra la Violencia, la psicóloga le reiteraba que el hecho de no tener hijos, no significaba que no valiera como mujer y reforzaba su autoestima.

“He hablado por teléfono cinco veces con ella”, cuenta la psicóloga. Después de varias sesiones, decidió irse donde un familiar y ahora está más tranquila.

“Se ha dado cuenta que no está obligada a vivir al lado de un hombre que no la valora, que no la quiere y que la maltrata sicológicamente. Está fortaleciéndose”, relata.

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En Nicaragua, un país con más de 7.4 millones de líneas telefónicas móvil, pero con una tasa del 78% de prepago, la atención y acompañamiento virtual a niñas, adolescentes y mujeres víctimas de violencia machista se ha vuelto un verdadero reto para las organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres, que han abierto líneas de emergencia para reiterarles a las víctimas que no están solas, ni aún en medio de la pandemia de covid-19.

La Red de Mujeres contra la Violencia, fundada desde 1992 y con amplia proyección territorial, a partir de junio del presente año habilitó una línea de emergencia a través del número telefónico 81265073, para brindar acompañamiento jurídico y psicológico a niñas, adolescentes y mujeres de todo el país que son víctimas de violencia de género.

“Iniciamos esta estrategia de acompañamiento a través de WhatsApp para brindarles orientación e información a mujeres víctimas de abusos y de violencia de género. Es meritorio, urgente y necesario, ya que es alarmante el nivel de violencia, de femicidios que hay en el país, que se viene disparando desde el año 2018. A la cuenta de Facebook de la Red, a diario escriben de 3 a 4 mujeres pidiendo ayuda”, explica Marycé Mejía, socióloga y nuevo enlace nacional de la RMCV.

La línea de emergencia de la Red de Mujeres Contra la Violencia es atendida por un equipo de personas, entre las que están abogadas, psicólogas, promotoras y defensoras.

Actualmente funciona de lunes a miércoles en horario matutino. Mejía indica que están analizando cómo ampliarlo a jueves y viernes, tomando en consideración que es un trabajo voluntario de las defensoras.

“Las mujeres víctimas buscan a las organizaciones porque no hay respuesta por parte del Estado para atender esta problemática, y menos en medio de este contexto de crisis sanitaria”, agrega.

En Nicaragua el primer caso de covid-19 se informó oficialmente el pasado 18 de marzo, sin embargo a diferencia de otros países centroamericanos, el gobierno no decretó Estado de Emergencia, ni de calamidad, como sus países vecinos del norte y del sur. Por tanto, tampoco adoptó medidas excepcionales, entre éstas cuarentena obligatoria, ni restricciones en circulación.

No obstante, un sector de la sociedad nicaragüense, que cuestiona las disposiciones gubernamentales frente al covid-19, optó en los meses de marzo, abril y mayo por acatar el distanciamiento social voluntario y adoptar otras medidas de protección.

¿Quiénes y por qué están usando la línea de emergencia?

Una de las psicólogas que es parte del equipo de la Red de Mujeres contra la Violencia relató que antes de la pandemia de covid-19 brindaba atención presencial a niñas, adolescentes y hasta a mujeres de la tercera edad, todas víctimas de violencia psicológica y física. Las citaba dos veces por semana, por espacio de 45 a 60 minutos cada sesión. Semanalmente veía entre 7 a 8 personas, entre 17 a 63 años.

“La mayoría eran mujeres rurales, de comunidades y hogares en extrema pobreza, víctimas de violencia física y psicológica. Pero además de esa atención, acompañaba a mujeres víctimas ante Medicina Legal, la Policía Nacional y otras instituciones señaladas en la ruta de acceso a la justicia en la Ley 779. Lo importante, antes y ahora, es que sientan que no están solas”, dijo.

La atención por la línea de emergencia no está exenta de dificultades y obstáculos. Entre estos, que no cuentan con teléfono propio, que no tienen dinero para meter recarga, que no disponen de un teléfono inteligente y por tanto, sin acceso a redes sociales. O bien, que la conexión a internet en sus comunidades de origen, es deficiente. Sin embargo, lo clave es confirmarles que no están solas.

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“Se ha incrementado el número de nuevas pacientes, la mayoría que estoy atendiendo son nuevas. Desde adolescentes de 12 años, hasta mujeres de 50 años. Víctimas de violencia sexual, psicológica, violación o demandas de pensión alimenticia. Brindamos un enfoque sistémico, integral, que busca su recuperación pronta, para salir rápido del trauma”, explica una de las psicólogas.

La sesión por la línea de emergencia dura alrededor de 30 minutos y en la mayoría de los casos, las llamadas se realizan consumiendo su saldo de telefonía móvil. Sin embargo, dijo que la Red de mujeres la apoya con paquetes de recarga de ocho días, con llamadas ilimitadas a números de la misma red y con acceso a internet, sobre todo WhatsApp. Dependiendo del caso, las atiende una vez por semana.

Un factor detonante

La psicóloga de la Red advierte sobre un nuevo factor detonante de la violencia que sufren las niñas, adolescentes y mujeres nicaragüenses en el contexto de la pandemia de covid-19. Se trata del regreso de connacionales a sus comunidades, quienes se encontraban trabajando en el exterior y que volvieron porque quedaron sin empleos en los países vecinos como Costa Rica y Panamá, entre otros.

“Ellos se iban, no permanecían en sus casas, así que la violencia cesaba cuando no estaban. Pero ahora han regresado, desempleados y la violencia se ha agudizado. Ejercen violencia porque muchas veces hasta responsabilizan a las mujeres por la situación que enfrentan”, reflexiona la especialista.

De acuerdo a la más reciente estimación de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), correspondiente a julio del presente año, Centroamérica registrará un decrecimiento del -6,2% por el impacto económico de la pandemia de covid-19, correspondiendo a Costa Rica (-5,5%), a Panamá (-6,5%), Guatemala (-4,1%), países donde emigran nicaragüenses por razones laborales y económicas.

La psicóloga valora que desde 2018 se agudizó la violencia machista porque al igual que ahora, se vieron forzadas a mantenerse encerradas en casa, junto a sus agresores. Y, en el caso de niñas y adolescentes, junto a los abusadores sexuales.

“La violencia siempre ha estado presente en la vida de las mujeres y las mujeres siempre han llegado a la Red por situaciones de violencia. No podemos dejarlas solas, ya que el Estado no asume su deber. Es una obligación proteger los derechos de las mujeres y de las niñas, no es un favor”, concluyó.

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La abogada Aydil Urbina tiene 12 años de colaborar con la Red de Mujeres Contra la Violencia, especialmente acompañando a las sobrevivientes a comparecer en distintas instituciones de esa ruta crítica de justicia señalada en la Ley 779. Hoy tiene que hacerlo virtualmente.

“Escuchamos sus historias, sus dolores y les ayudamos a identificar el tipo de violencia que sufren. Muchas denuncian, otras prefieren no hacerlo y solo quieren ser escuchadas. Así que le brindamos acompañamiento emocional en caso que no quiera interponer una denuncia”, apuntó.

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“No es un acompañamiento físico y hay algunas mujeres que sienten que eso les falta, porque tienen que acudir por primera vez a las instituciones, a interponer una denuncia de violencia. La eficacia de esta modalidad virtual está en prueba”, valoró.

En su caso, a través de la línea de emergencia ha escuchado historias y testimonios de mujeres que están sufriendo de asedio, amenazas, ofensas o vigilancia, y anhelan con desesperación y urgencia que su denuncia pase a las instancias del Ministerio Público, al juzgado de violencia, y que emitan una medida cautelar que aleje al victimario o sea detenido en caso que la vida de la mujer esté en peligro.

“La Policía Nacional nunca ha puesto un verdadero interés en la víctima de violencia de género, no está en primer orden de su proceder. Generalmente lo minimizan y no toman acción, sino hasta que la mujer está herida o muerta”, afirmó.

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Una emergencia fue el detonante. Angélica Toruño, coordinadora del equipo jurídico y psicológico de la Universidad Evangélica Nicaragüense, confirmó que tendrían que habilitar una línea de emergencia para atender a las mujeres víctimas de violencia de género cuando “Carolina”, quien recibía atención psicológica porque su pareja la amenazó con “cortarle la cabeza” y se había trasladado a Panamá por seguridad, le confirmó que no podría continuar con su proceso de sanación porque el cierre de las fronteras por la pandemia de covid-19 le impediría regresar al país y continuar así con la terapia.

Trabajaron entonces en desarrollar una modalidad virtual, que finalmente quedó habilitada a partir de junio. Se trata de una línea de emergencia a través de los números móviles 7885-1343 y 5781-6047, que es atendida por un equipo de estudiantes para brindar atención jurídica y psicológica a víctimas de violencia y de abuso sexual que no pueden acudir a citas presenciales.

“Tenemos casos de usuarias que quedaron fuera del país y otras que no pueden salir de sus casas. Definimos una ruta de atención para ellas y a partir de junio, las atendemos por la línea de emergencia”, explicó Toruño.

Desde 2013 la facultad de Derecho de la Universidad Evangélica Nicaragüense abrió un centro de atención jurídica y psicológica a niñas, adolescentes y mujeres víctimas de la violencia de género a solicitud de los estudiantes de ambas carreras y con el apoyo de la Embajada de la República Federal de Alemania.

El equipo de atención jurídica y psicológica está integrado por 8 a 10 estudiantes voluntarios, quienes son reemplazados cada seis meses por otros pares. Atienden sobre todo casos remitidos por los Tribunales de Familia y por la sede del Ministerio de la Familia, Adolescencia y Niñez en el sector del mercado Oriental. Antes de la pandemia de covid-19, brindaban atención en tres clínicas, en días laborales, en horario de 8:00 a.m. a 3:00 p.m.

“Las mujeres han sufrido el mayor impacto en este proceso de confinamiento voluntario, pero se deberá hacer un estudio a fondo sobre cómo afectó a las mujeres nicaragüenses este periodo de aislamiento”.

Angélica Toruño

“Los voluntarios reciben un proceso de formación para atender derecho y abuso sexual. El mayor desafío profesional y personal para ellos y ellas, es la atención a víctimas de violencia. Y, en particular, ha resultado muy difícil trabajar todo el tema de abuso sexual a la niñez”, relató Angélica Toruño.

La coordinadora indicó que a raíz del covid-19 se dispararon las crisis de duelos “congelados” por procesos no cerrados, así como la ansiedad y el miedo por la tasa de mortalidad del coronavirus. En ese sentido, muchas mujeres se preguntaban: ¿Quién verá a los niños si me muero? ¿Qué va a pasar con mis hijos?

Por otra parte, varias mujeres víctimas de violencia que llevaban un proceso de sanación con el equipo de la Universidad Evangélica Nicaragüense se vieron forzadas a abandonarlo ya que se duplicó la carga de las labores domésticas no remuneradas, al velar ahora por la educación de sus hijos e hijas en casa y garantizar a su vez los quehaceres.

En el caso de la atención psicológica que brindan a niñas, adolescentes y mujeres referidas, explicó que ésta se divide en dos áreas: de forma individual y a nivel colectivo. A este último son trasladadas mujeres víctimas de abuso sexual y de violencia, después de tres o cuatro sesiones privadas. El grupo sesiona una vez por semana durante cuatro meses. Se comparten historias de vida y se habla de empoderamiento y de derechos humanos.

“Nos ha dado mucho resultado (la metodología colectiva). Acabamos de concluir procesos con un grupo de 22 mujeres. Ellas servirán de referentes para otras mujeres víctimas de abuso sexual y de violencia. Partimos de que la violencia es un problema y no es algo natural. Les brindamos herramientas para salir de ese ciclo”, dijo.

En el caso de la línea de emergencia, indicó que permanece abierta de 9:00 a.m. a 10:00 p.m., y en caso que no puedan comunicarse, procuran llamarla al día siguiente. Lo importante, agregó, es que no se sientan solas, sino que están acompañadas por un equipo de especialistas con mucha empatía.

“Atendemos por esta nueva modalidad a las personas que están fuera del país o que no pueden salir de sus casas. Atendemos a víctimas de violencia de género o de abuso sexual que son referidas por instituciones como los juzgados de violencia y el Ministerio de la Familia, pero también a aquellas que son referidas por los grupos que hemos atendido”, señaló.

“Las mujeres han sufrido el mayor impacto en este proceso de confinamiento voluntario, pero se deberá hacer un estudio a fondo sobre cómo afectó a las mujeres nicaragüenses este periodo de aislamiento”, dijo Toruño.

Pese a eso, sostiene que “es notorio que con esta crisis sanitaria se agravó la calidad de vida de las mujeres, su salud emocional y física, y eso para mí es violencia. Unas quedaron desempleadas, otras sufren en un entorno privado más hostil y otras abandonaron su proceso. Esto vino a empeorar el brote de violencia que ya existía”.

Nancy Mora, coordinadora de las Mujeres del Norte, coincide en que ha habido un repunte de la violencia machista en el contexto de la pandemia de covid-19.

“Consideramos que en este primer semestre sí ha habido un aumento significativo de la violencia, sobre todo lo relacionado a la violencia en la casa y abusos sexuales y el tema de la pensión de alimentos. Muchas mujeres llaman, piden asesoría, aunque luego no quieren ir a denunciar a la Policía porque, sobre todo en los primeros meses, la gente además que no quería salir, siente que la policía no responde y peor en una situación de pandemia”, dice Mora.

Las consultas también estaban relacionadas con los procesos judiciales en marcha y sobre cómo manejar determinadas situaciones relacionadas directamente con el coronavirus.

“Atendimos más de 400 casos que en relación a otros años es bastante elevado, claramente hay un incremento de la violencia, sabiendo que hay otros casos que quedaron en el silencio. Lo del teléfono tiene su limitante, no todas tienen acceso  a teléfono ni sabían que podían buscarnos por esa vía”, concluyó Mora.

Ilustraciones realizadas por Colectiva

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