Media Cuartilla

Sanar desde la raíz

"Estoy conectándome con mi niña interior para que juntas sanemos heridas".

Para hablar del cuerpo con base en mi experiencia personal, debo recorrer tres etapas, ya que mi cuerpo experimentó agresiones y estimulaciones físicas desde una edad muy temprana.

Esto no quiere decir que estas tres etapas sean las únicas que vaya a vivir. El auto descubrimiento es un proceso de toda la vida.

Estoy consciente que además de los traumas de abuso, existen las presiones externas, como el bombardeo del canon de belleza impuesto por la sociedad patriarcal. Pero ya que este es un escrito desde mi perspectiva, les describiré de forma sencilla mis tres etapas vividas.

Infancia y abuso

Cubre un período de los 5 a los 7 años, cuando fui abusada por 2 hombres aproximadamente con edades entre los 15 y los 18 años. Ambos eran familiares de mujeres que trabajaban en mi casa; por eso, siempre tuvieron mucho acceso a la privacidad de mi hogar.

En esta etapa perdí el contacto conmigo misma, ya que mi forma de protegerme fue saliendo de mi cuerpo y mente para entrar en un estado piloto, desconectándome completamente de la realidad.

Mi seguridad y confianza fueron quebrantadas. Me sentía vacía y con mucho miedo.

Recuerdo que mis inseguridades me hacían desear la vida de otras niñas y buscar la aprobación de adultos.

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Hay partes de mi infancia en las que no recuerdo absolutamente nada, como por ejemplo cuando en reuniones familiares hablan de tías, tíos o primos de los que no tengo ninguna imagen almacenada, aunque haga el máximo esfuerzo por recordarlos.

Rechazo a mi cuerpo

A los 12 años empecé a odiar lo que veía en el espejo. En esta etapa, desarrollé trastornos alimenticios, me sentía gorda y fea. No calzaba con el concepto de belleza que llenara mis expectativas y por ende, me rechazaba.

Fue muy duro porque estaba en pleno desarrollo y en una escuela donde el bullying era parte de la materia. Fui creciendo y en mi adolescencia daba y hacía todo por sentirme aceptada y amada.

Llegué al punto de no darle importancia a mis necesidades porque me daba vergüenza dar mi opinión, sentía que no valía.

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Eventualmente, fui creando dependencia de sustancias como el alcohol, para adaptarme más a mi entorno y a grupos. Todas mis relaciones me daban sentimiento de inseguridad y de abandono.

Reconocimiento del daño

Este año he recibido mucha información importante que ha cambiado mi perspectiva acerca de mi cuerpo. Ingresé a una red de mujeres llamada “Aguas Bravas”, que ofrecen el servicio de terapia individual y grupal, para sanar los traumas del abuso sexual.

Acabo de pasar una de las etapas más sanadoras de mi vida, que fue la de reconocer el daño físico, espiritual y mental que sufrió mi cuerpo en la primera etapa de mi infancia. Gracias a este proceso estoy valorando mi resiliencia y mi ser.

Estoy conectándome con mi niña interior para que juntas sanemos heridas. Estos meses he renacido, abrazando mi autenticidad.  

Voces sororas aborda durante el mes de septiembre la temática del cuerpo desde la visión y las realidades de distintas mujeres.

Ilustración realizada por Colectiva

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