Media Cuartilla

“Los hombres que abusan, violan y matan fueron educados en esa ‘pedagogía de la crueldad’”

María Teresa Blandón, socióloga y feminista, afirma que cuando ocurre un acto de violencia machista contra las niñas, sea un acoso, violación o femicidio, la sociedad se indigna porque las niñas y niños son la población más vulnerable, pero también por la idea de que somos las personas adultas quienes tenemos el deber de protegerlos. “Hasta ahí todo bien”, apunta.

“El problema es cuando se traslada el peso de la responsabilidad y el juicio moral hacia las mujeres, ahí desaparecen los hombres por completo”, agrega.

Blandón, directora del Programa Feminista La Corriente, analiza y explica lo que hay detrás de las frases que circulan en redes sociales tras el doble femicidio cometido por Rosario Soza Centeno. A continuación su análisis de cada frase.

Frase 1: «¿Cómo se le ocurrió? ¿Por qué la madre las dejó solas?»

María Teresa Blandón: En este juicio desaparece todo lo demás y es como si las mujeres fuésemos todopoderosas, mágicas y omnipresentes para poder estar permanentemente al lado de nuestras hijas e hijos. ¿Qué es lo que está diciendo la gente con eso? Que nos toca a las mujeres, que no es responsabilidad de los hombres cuidar de los niños y las niñas.

La otra idea —tan grave como la primera— es que se desplaza el juicio hacia las víctimas porque las madres también son víctimas de esa violencia, de la que ellas viven y de la que se ejerce contra sus hijas e hijos.

En lugar de colocar la mirada en los agresores directos y los cómplices indirectos de la violencia machista, a la víctima se le enjuicia.

Indirectamente culpan a la madre porque a las mujeres las asumen como únicas responsables. Eso es un acto de crueldad, es falta de empatía. Son preguntas para justificar y eso muestra el amplio nivel de tolerancia social al machismo y la misoginia.

Frase 2: «Ese hombre es enfermo, loco”

María Teresa Blandón: Hay una tendencia a patologizar a los agresores. En uno de los medios digitales dijeron que el hombre no andaba bajo los efectos del alcohol y las drogas, como que la violencia machista fuera un problema de adicciones, no es un problema de adicciones.

Eso es muy común en los medios de comunicación, es muy común en los argumentos de los jueces y de la misma policía, como si fuera un atenuante, no lo es y eso las feministas lo hemos explicado hasta la saciedad.

Un agresor es un agresor, sobrio o borracho, deprimido o alegre, con trabajo o desempleado. Intentar encontrar ahí las razones es un error, esos solo son escenarios, son contextos que pueden agravar, que pueden estimular pero no son la causa.

La mayor parte de los hombres que golpean a las mujeres o que abusan de la niñas lo hacen en estado de sobriedad, no tienen que beber guaro, ni drogarse para hacerlo, lo hacen y punto. Eso solo es un pretexto, una forma de encubrimiento.

El otro “argumento” es que están “locos” —que padecen trastornos mentales o psiquiátricos— pero las evidencias dicen todo lo contrario: Las personas que tienen enfermedades mentales pueden agredir pero no tienen dolo, pueden agredir desde un estado de alteración mental, agredir a un hombre o una mujer.

Las personas con problemas mentales no discriminan porque no hay un acto planificado, tampoco hay una marca ideológica en el acto de agredir, no hay términos de comparación.

Este hombre planificó el hecho de violencia, mandó a llamar a esa mujer para que dejara sola a sus hijas, le mintió e inmediatamente fue a cometer el crimen atroz.

Una persona con demencia no tiene posibilidades de planificar actos, no hay detrás de esa agresión un acto de maldad deliberada, pero en este caso de femicidios sí lo hay.

Frase 3: «Se le metió el diablo»

María Teresa Blandón: He oído un montón de veces en este caso y en otros que dicen: “Es que se le metió el diablo”, eso es una ficción y es una manera de quitar responsabilidad al agresor, porque el tema es la razón o las sin razones que tuvo para agredir a una mujer, en este caso asesinar a dos niñas de una manera atroz.

En sus declaraciones este hombre dice: “No sé por qué lo hice”. Lo hizo porque ya estaba educado para eso, para despreciar la vida de las mujeres y porque además no necesitaba razones, sólo necesitaba actuar conforme a lo que ha aprendido a lo largo de su vida.

La sociedad no entiende que esto es parte de una construcción cultural, que es parte de una pegadogía de la crueldad, como dice Rita Segato, antropóloga y feminista argentina-brasileña.

Los hombres que abusan, que violan y que matan ya previamente fueron educados en esa pedagogía de la crueldad.

¿Cómo podés entender que un hombre abuse, viole, mate a una mujer? Preguntate de dónde viene ese hombre, cómo se educó, cuáles fueron los mensajes que recibió. Es un problema social, aunque los agresores sean individuales.

Él fue el que abusó, violó o mató, sí, pero ese hombre no vino de Marte, ese hombre tiene una historia, un recorrido, unos mensajes que terminó incorporando. Nada justifica, pero hay aspectos que inciden, explican y sobre todo señalan los problemas de fondo en los que se debe trabajar para erradicarlo. No es una bestia y tampoco se le metió el diablo.

María Teresa Blandón, socióloga y feminista, directora del Programa Feminista La Corriente.

Frase 4: «Era conocido de la madre. Llegaba a la casa a visitar a la mamá»

María Teresa Blandón: Hay una culpabilización velada cada vez que se dice eso en cualquier caso, que la mujer tuvo la culpa por meterse con un hombre agresor.

En este caso no está confirmado ni nos interesa que ellos tuvieran una relación, pero si así fuera ese no es el problema. Una mujer que se relaciona afectivamente con un hombre, para empezar tiene derecho a hacerlo, todas las personas tienen derecho a desarrollar vínculos afectivos, con sexo o sin sexo. Ese no es el problema.

El problema sigue siendo que para muchos hombres seducir a una mujer puede tener de por medio otras intenciones, ¿es responsabilidad de las mujeres comprender la maldad, la perversión del machismo? Es muy difícil.

No tiene ningún sentido preguntarle a esta mujer o sugerir que ella tuviese —cosa que no sabemos ni es de nuestra incumbencia— una relación con ese hombre, ¿que si podría ser corresponsable sólo por estarlo? De ninguna manera.

Por enamorarse, si fuese el caso, por querer vivir con un hombre, si fuese el caso, esto no puede convertir a una mujer en culpable de la violencia que ellas reciben o que pueden recibir sus hijos o hijas.

Es una trama muy perversa la que se teje en torno a las víctimas, donde se culpa siempre a las mujeres y se rebaja o exime de culpa a los agresores. Es parte de la cultura machista de la sociedad.

Foto principal cortesía del Colectivo Devuelvan Lo Robado.

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