Media Cuartilla

El día que descubrí que soy *jodidamente guapa

A decir verdad no sucedió de un momento a otro como cuando descubrís que tenés manchada la ropa interior de sangre porque te ha sorprendido la regla por primera vez. No.

Ahora que me detengo a pensar fue un largo proceso, ¡años! para descubrirme, sorprenderme, dejar de esconderme y aceptarme. Ese momento/día en que me vi despojada de prejuicios fue como decir: ¡Esa soy yo! ¡Y soy *jodidamente guapa!

A mis diez añitos, recuerdo que tenía una falda blanca con florecitas de tenues colores, era tan preciosa y sexi que me encantaba llevarla puesta. Mi mama me la había mandado a hacer donde la María Quezada, la costurera de toda la vida de mi familia, en aquella época cuando se estilaba “mandar a hacer” tu ropa.

Cuando me tomó las medidas, la María se encargó de bajar el centímetro hasta muy por debajo de las rodillas, como debía ser para las mujeres decentes, ¡claro! Demasiada tela para mí, que quería dejar al aire libre mis piernas flacas, sentirme sexi, mostrar que estaba feliz de ser una mujercita.

Mi madre solía mandarme a casa de mi abuela para llevarle el almuerzo con un cazo. Ese era mi momento mujer: yo aprovechaba, me enroscaba la pretina de la falda como si fuese un  yagual hasta dejarla tan corta como una minifalda.

Y así caminaba, sola, mostrando las piernas, sintiéndome una diva mientras subía “la cuesta  de la Odilda”, una calle empinada, llena de polvo y piedras, en El Jícaro, Nueva Segovia. Ese era mi  momento de libertad.

Al regresar a mi casa desenroscaba la falda y volvía a cubrirme las piernas. Tenía prohibido mostrar mi cuerpo porque eso era más propio de chavalas “sin fundamento”, “alocadas” o “facilonas”, “ofrecidas” a los hombres.

Leer también: Venus esteatopigia

Y así fui creciendo con la vergüenza de mostrar mis carnes y con miedo al desarrollo de mi cuerpo. Una regla no escrita y muy presente era evitar los temas relacionados a las partes íntimas o a las emociones.

Comenzaba mi transición a ser mujer en medio de contradicciones, en un contexto de guerra, con la herencia de la represión y el tabú de ser mujer.

Esto contrastaba con las imágenes que me entraban por la retina a través de la tele, de mujeres hiper sexualizadas en las telenovelas, concursos de belleza, desfiles de modelos… Tiempos en los que para comprar toallitas sanitarias en la pulpería debías llamarle “galletas” para despistar, sobre todo si había hombres en el entorno, porque ¡ni quiera Dios que se dieran cuenta! Era una vergüenza total.

Hay recuerdos de niña que nunca se me van y me cortan la respiración, como aquella tarde de sol preciosa, oscurecida por un tipo que me observaba desde lejos en una esquina de la calle de mi pueblo.

Mis pezones eran como coyolitos asomándose a través de las camisolas. Aquel tipo me llamó solo para decirme lo “riquita” que estaba y que quería “robarme”. Su limitación era tal que solo que veía en mí un par de pezones para quebrar. En mi inocencia fingí sonreír sintiendo miedo, sintiéndome violada.

Violada, como aquella otra tarde en el parque cuando un niño, cuya mirada de demonio aún me perturba, clavó sus uñas negras en mis partes, metiendo su mano debajo de mi falda en un abrir y cerrar de ojos, frente a las burlas de otras niñas. Y así podría continuar narrando historias de abusos a lo largo de mi niñez a las que he sobrevivido con gran dignidad.

Leer también: Sanar desde la raíz

Llegué a la adolescencia y mi formación emocional era tan pobre como necesaria. Más que pobre, estaba llena de prohibiciones: prohibido enamorarse, sentir, mostrar las carnes, opinar, mirar a los muchachos, tener sexo, llamar la atención, maquillarse.

Acepté todas aquellas normas sin oposición. En el fondo, creo que esa intuición desarrollada con la que nacemos las chicas, me hizo entender que todas aquellas reglas no escritas que nos rigen desde que nacemos mujeres, son una forma de protección, ilegítimas, pero con sentido.

Así como gran parte de mujeres musulmanas se encuentran más seguras escondidas debajo del burka para no ser reconocidas, como una forma de lucha, de conservar la privacidad y de proteger su identidad, así las mujeres que me criaron en mi familia y las de mi alrededor se protegían de la lascivia de los hombres dentro y fuera de la casa.

Con todo ese cúmulo de vetos fui sintiéndome mermada, deforme, rara, contradictoria. A su vez fui viviendo tímidos procesos de liberación que fueron sumando en mí y construyéndome como mujer.

Lo mejor que me ha podido pasar en la vida ha sido ir a la universidad, gracias a la firmeza y tozudez de mi madre. Su empeño en que no llamara la atención de los hombres y en no descubrir el placer puede parecer muy machista a simple vista, pero en realidad el objetivo final era el de no perder de vista el camino y formarme para ser una mujer independiente, con criterio propio, sin dueño, de la mano del conocimiento.

La educación me ha llevado por caminos maravillosos de gran aprendizaje, espinosos, mágicos e inimaginables.

Leer también: Mi cuerpo y yo tenemos una relación

Me ha permitido explorarme, soltarme, abrir los ojos, empaparme de mí misma, ver con naturalidad mi cuerpo, el olor que desprendo, entrar sin miedo en el laberinto de las emociones. Pero también debo decir, para ser más justa, que el amor con su inmensidad me ha permitido explorar ese manantial que tenía reprimido por miedo.

En mis décadas de vida hiladas me reconozco en mi esencia. Cuando veo al espejo las arrugas en mi rostro, veo las marcas por tantos años de sonrisas; no me perturban las curvas imperfectas de mi cuerpo.

Me siento feliz de ver a cada mujer racional, soñadora, inconforme, que viste como le gusta, con la falda corta o larga, libre de elegir ser quién es y de ser jodidamente guapa.

*Jodidamente: Léase como la montaña de dificultades que atraviesa una mujer  para conseguir su libertad e identidad, o las molestias que causa a otras personas y sistemas. O mejor, dale la lectura que más te guste, sin limitaciones.


Voces sororas aborda durante el mes de septiembre la temática del cuerpo desde la visión y las realidades de distintas mujeres.

Ilustración realizada por Colectiva

A %d blogueros les gusta esto: