Media Cuartilla

Este es un post enojado

Esta publicación se titulaba “La maternidad me da terror” y ya tenía listas casi 900 palabras explicando por qué.

Iniciaba recordando que cuando tenía 19 años había escrito en mi (ya extinto) blog personal acerca de este tema, del miedo que me generaba la maternidad en ese momento y luego hacía un recorrido de cada una de las razones por las que no quiero ser madre.

Pero me di cuenta que mientras más escribía, más me iba sintiendo molesta porque honestamente este es un tema incómodo para mí, no me gusta discutirlo con otras personas porque siempre soy yo explicando y dando excusas y razones de por qué no quiero ser madre, tratando de hacer entender por qué y buscando empatía, y la verdad es que ¡ya estoy harta!

Estoy cansada del cuestionamiento. ¿Por qué tengo yo que explicar mi decisión de no ser madre? ¿Por qué tengo que estar escuchando opiniones respecto a mi decisión? Me drena la energía esta conversación.

Y siempre es lo mismo, las mismas reacciones, las mismas preguntas: “¿En serio?” “¿Por qué?” “Con el tiempo vas a cambiar de opinión”, “ser madre es lo mejor que te va pasar en la vida”. “¿Cuándo vas a tener un bebé para que sea amigo del mío?” “¿De verdad no vas a tener uno?” ¿De verdad creen que pueden preguntarme esas cosas? Pues les dejo claro que no.

No pueden ir por la vida cuestionando las decisiones de las demás personas. Y yo sé que es difícil, todas tenemos nuestras opiniones y queremos decirlas, pero cuando se trata de una decisión tan personal, como el decidir ser madre y todos los cambios físicos, emocionales y materiales que eso conlleva, creo que allí hay un límite que nadie debería cruzar.

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En los últimos 10 años la presión social me ha hecho cuestionar mi decisión: A veces quiero y a veces no quiero, pero cuando siento que quiero es porque me pregunto si debería hacerlo tan solo por no perderme de vivir esa experiencia que tantas personas recomiendan.

Tal vez debería tener uno y así me dejan en paz, me digo. Quizás tener un hijo haga feliz a las personas a mi alrededor, y aunque no es exactamente lo que yo quiero quizás no sea tan mala idea… ¡Pero no!

No voy hacer las cosas solo porque ese es el “status quo” que se supone hay que respetar y repetir, o por cumplir el sueño de alguien más pero no el mío. Estoy harta de cuestionamientos, comentarios y miradas juzgonas. No le debo explicaciones a nadie.

¿Dónde queda mi derecho a decidir? Yo también tengo sueños y aspiraciones personales, que además no estoy obligada a compartir. Soy yo a la que le toca convivir con este cuerpo y esta vida que me he creado, y si me quedo sola ¿qué?

¿En qué afecta a los demás mi decisión de no convertirme en madre? ¿Por qué si a mí me toca respetar a quienes deciden tener hijos, no pueden respetar que yo no quiera tenerlos? No tienen que estar de acuerdo, pero no es su lugar decirme qué hacer.

Es cansado tratar de hacer que las otras personas me comprendan, que sean amables, que no me obliguen a hablar de un tema que no quiero tocar solo porque ellas piensan que lo correcto es hacer X o Y.

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¿Por qué no pueden aceptar un no como respuesta? Mientras tanto, yo tengo que soportar los comentarios pasivo-agresivos, el acoso en redes sociales y cuando aprovechan cada oportunidad de verme en persona para sacar el tema y ejercer presión. Y me toca actuar como si no me molestara, porque si me enojo entonces se ofenden. ¡Es imposible! Es una batalla de nunca ganar. 

Este es mi último pedido de empatía, si es que sobra algo. A tu pregunta “¿Cuándo vas a tener un hijo?” Mi respuesta será un “no quiero”. Y a tu cuestionamiento “¿Por qué?” mi respuesta será silencio.


Voces Sororas en octubre problematiza la maternidad y la aborda desde los conflictos, realidades, silencios y necesidades de distintas mujeres.

Ilustración realizada por Colectiva

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