Media Cuartilla

Sobre las madres puras, buenas y santas

Quien nos dijo que la maternidad era hermosa y que lo más bello es traer hijes a la tierra, no nos contó la verdad completa.

La maternidad es hermosa… pero dura, tormentosa y caótica. Pensarás que tengo una docena de hijes para decir esto, pero no, solo tengo una hija —a quien adoro con toda mi alma— y me basta y sobra para decir que sí: ¡Ser madre es difícil!

No hablemos del parto, que eso ya de por sí es una mortal hazaña, sobre todo en un país con las deficiencias en el sistema de salud como el nuestro. Hablemos de criarlos.

Si tenés la fortuna de tener a tu pareja ahí «apoyándote», «haciendo lo que puede», no te felicito, te compadezco, pues la verdad es que los hombres en estas cosas en vez de facilitar, la complican más.

Ya escucho a algunas que estarán pensando que eso no es del todo cierto y les doy crédito, pero créanme, al final del día a quién le toca más duro es a nosotras.

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A vos será a la que le morderán los pezones hasta que tu «bendición» saque leche, sin importar el dolor que eso te produzca. A vos será a quien se le partirá el corazón cuando la vacunen.

No te dejará dormir porque quiere estar pegada a vos toda la noche. Vos querrás dejar todo con tal de estar con tu bebé, que ahora tendrá que ser criada por una extraña porque se te terminó el subsidio por maternidad.

No dejo de pensar que si la maternidad de por sí es difícil con pareja, puede ser todavía más sin ellos. Y lo digo porque al final del día por lo menos tendrás otros brazos en quien depositar a «tu bendición» para poder respirar por lo menos cinco minutos, o tener espacios en lo que «podas sentirte vos misma otra  vez. Sí, tener una pareja comprometida es importante ¡pero qué difícil es encontrarla!

Apartando esta calamidad en la que tantas  mujeres nos encontramos, está la otra trampa: La de ser la madre perfecta. Este ideal es dañino y deberíamos de una vez y por todas sacarlos de nuestras cabezas: ¡No existe madre perfecta! Existen mujeres tratando de ser madres y eso es bastante.

¿Cuántos sacrificios no hemos hecho por nuestros hijes? ¡Infinidades! Ahora que soy madre me doy cuenta de todo esto y no dejo de agradecer a mi propia madre, por toda su valentía y amor, pero al mismo tiempo reflexiono en todo el trabajo que le hemos significado. Este ideal de una madre pura, buena y santa, quitémoslo, reescribámoslo…. ¡No lo somos!

Cuando nosotres los hijes nos damos cuenta de esto, pensamos que nos tocó la peor de las madres. ¡No es cierto! Nuestras madres hicieron lo mejor que pudieron, con los recursos o no (a veces hasta con las uñas), y también con los reproches y problemas de una persona que ahora tendrán que cuidar por el resto de sus vidas.

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¿A qué quiero llegar con todo esto? A que no juzguemos a nuestras madres, nos seamos tan fuertes con nosotras mismas tampoco.

La maternidad no tiene que ser perfecta, tampoco bella o hermosa. La maternidad puede ser caótica, desesperante, extenuante… ¡y está bien! Pero sobre todo la maternidad tiene que ser, desde mi punto de vista, esa promesa eterna de amar incondicionalmente, sin importar la hora, la edad, el tiempo… los errores.

Estaremos ahí para ellos y ellas, así como han estado para nosotres nuestras madres, y sus madres y las madres de ellas porque es así cómo funciona este círculo de la vida.

Yo amo a mi hija, ella llegó en el momento más oscuro de mi vida, pero muchas veces me siento abrumada por sus exigencias de estar con ella todo el tiempo. He aprendido a disfrutar este tiempo que tenemos juntas, porque en parte siempre me he sentido culpable de trabajar fuera de la casa y no estar con ella mucho tiempo. Pero ahora que estamos las 24/7 juntas me doy cuenta que extraño el tiempo para mí, donde no gravito alrededor de ella.

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Con la pandemia muchas mujeres fueron mandadas a trabajar a sus casas, (sí, aparte de lo que ya veníamos haciendo… ¡desde el inicio de la humanidad!) la crisis de la maternidad y el trabajo no se ha flexibilizado, más bien nos ha traído más exigencias. Esta es la triste realidad que vivimos muchas mujeres, que debería ser distinta… Pero todavía hay mucho trecho que trabajar para llegar a eso.

¿Qué se puede hacer? yo creo que hay que partir de un nuevo modelo. Relajar el concepto de maternidad. Permitirnos, decir y aceptar estos sentimientos de cansancio, de no poder más.

Permitirnos ser nosotras mismas. Que lo que le funcionó a tu abuela y a tu madre está bien, pero que no tiene que ser tu historia. Y al mismo tiempo hacerles saber a nuestros hijes como yo lo hago con mi beba todos los días de que no tendremos nunca todas las repuestas, cometeremos muchos errores, pero siempre les amaremos con locura hasta nuestro último suspiro en esta tierra, y esto no es una promesa, es una realidad.


Voces Sororas en octubre problematiza la maternidad y la aborda desde los conflictos, realidades, silencios y necesidades de distintas mujeres.

Ilustración realizada por Colectiva

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