Media Cuartilla

«Los trabajos de cuidado son los únicos no remunerados en la historia de la humanidad»

¿Es natural que las mujeres asuman los cuidados de la familia y que algunas de ellas se dediquen exclusivamente a las labores del hogar? Muchas personas contestarán que sí. Natalia Moreno Salamanca, economista y magíster en estudios de género, explica por qué no.

Recurre a la división sexual del trabajo para analizar cómo las labores domésticas y de cuidado no remuneradas son la base de las desigualdades y cómo está invisibilizado su aporte a la economía y a la sociedad.

“Si a todas estas mujeres les pusiéramos un salario de trabajadoras domésticas, pues la producción económica en el caso de Colombia sería equivalente al 20% del PIB. Es una cifra inmensa”, sostiene Salamanca, quien es investigadora colombiana en temas de economía del cuidado y política fiscal con enfoque de género.

En esta entrevista explica qué es la economía del cuidado y cómo detrás del trabajo que realizan las mujeres sin remuneración está la apropiación colectiva de su tiempo.

¿Qué es la economía del cuidado y qué es el trabajo doméstico y de cuidados no remunerados?

Estas categorías que mencionas son un debate teórico y tienen debates políticos detrás. En la evolución del concepto frente a qué es el cuidado y el trabajo doméstico ha habido una evolución conceptual importante desde los años 70.

Inicialmente se hablaba de trabajo reproductivo, luego se habló de trabajo doméstico. Mucho más reciente es que se empiezan a denominar como trabajos de cuidado, y yo creo que sigue siendo un debate en la academia el cómo denominar a todas estas actividades fundamentales para la existencia humana. Los nombres también tienen una carga política de lo que te interesa visibilizar.

Desde los años 70, sobre todo las economistas marxistas insistieron mucho en la categoría de trabajo doméstico o trabajo reproductivo para explicar, como lo dice Christine Delphy, quien es una de las grandes sociólogas francesas, que ninguna sociedad sobrevive solo con la producción de bienes y servicios, con lo que se contabiliza en el PIB, que es un poco la perspectiva  de la economía más ortodoxa, más dominante.

Aquí se necesita además de eso, que claro que lo necesitamos, también toda la producción de la vida, de la fuerza de trabajo, todos estos trabajos que realizamos dentro de los hogares y que de hecho toda esta producción es más importante porque sin la vida no hay cómo producir bienes y servicios.

Se dan diferentes categorías: trabajo doméstico, trabajo reproductivo, trabajo de los cuidados. Al final todas hacen referencia a lo mismo, a las actividades que hacen referencia a la existencia humana, que se realizan al interior de los hogares, aunque también en las comunidades, y que son no remuneradas.

¿Las trabajadoras domésticas, las enfermeras, no entran en esta categoría porque sí son remuneradas?

Por supuesto que sí, también son trabajos de cuidados, pero inicialmente quienes se propusieron visibilizar estos trabajos también querían visibilizar esta cadena de cuidados que ha sido la más olvidada, que es la no remunerada, creo que esa es la parte más ingrata de los cuidados en la sociedad y lo hacemos todas y todas. Al final todos necesitamos cuidados, en diferentes proporciones, intensidades y características de los cuidados.

Se clasifican en cuidados directos e indirectos. Los directos tienen que ver con la atención directa a otra persona y los indirectos es más con el entorno, el ambiente habitacional en el que vivimos, la limpieza de los hogares, etcétera.

También hay otras teóricas que dicen que los cuidados tienen varias dimensiones: Las dimensiones más materiales, que son estos cuidados directos e indirectos, pero también hay dimensiones emocionales del cuidado, que es todo lo que se conoce como la gestión de los cuidados.

Lo que implica gestionar los cuidados también es un trabajo difícil. Una chica mexicana que participó en un webinar de Las Constituyentes CDMX decía: “Es mamón que yo tenga que estarle diciendo a mi esposo que tiene que tender su cama,  y él lo hace dos días y al tercero se le olvida. Entonces me toca insistir e insistir”.

Todo eso, la organización: Qué vamos a cocinar, qué vamos a mercar, es la gestión, también es otra parte de los cuidados que muchas veces no se visibiliza.

Estos trabajos pueden también ser remunerados y son los que se dan en el marco de las relaciones mercantiles a través de un salario, en teoría debería ser así: una relación salarial.

Natalia Moreno Salamanca. Foto extraída de La Silla Vacía

Muchas veces en esos oficios pareciera que siguiéramos en el feudalismo con relaciones de servidumbre literalmente, como en el caso del servicio doméstico, muchas veces sigue siendo así, es el único trabajo en el que todavía se permite el pago en especies, imaginate. Tú entregas todo solo para que te alimenten, eso era  típico de las relaciones feudales y de eso hay mucho.

Cuando hablamos de economía del cuidado estamos hablando de cómo se producen esos oficios, quién los produce, quién los consume, cómo se intercambian y cómo se distribuyen en las sociedades. Pueden ser remunerados o no remunerados, pero es distinto el nivel de desigualdad.

¿La clave para comprender es la desigualdad?

Claro, yo entiendo que las trabajadoras domésticas tienen muchas denuncias de sus derechos laborales y las comparto, igual con las enfermeras, pero son trabajadoras remuneradas, por eso te repito, la cadena más ingrata de los cuidados son estas mujeres que ni siquiera tienen autonomía económica, que toda su vida cuidan y no tienen ni reconocimiento social.

En Colombia hay 6 millones de mujeres que se dedican de manera exclusiva a los oficios del hogar sin ningún pago. Se conocen como las amas de casa, supongo que en Nicaragua igual. Pues en Colombia no hay amos de casa, eso no existe. Las estadísticas ni siquiera los visibilizan, te lo digo con absoluto conocimiento de causa, es que son tan poquitos los hombres que hacen eso.

Hay una desigualdad de género y estas mujeres hacen todas estas labores de trabajo doméstico y de cuidado no pago sin ningún reconocimiento a costa de su autonomía económica y a esas es a las que tiene que llegar un sistema de cuidados, por lo menos en una primera fase.

¿Partimos de que por ser un trabajo que es realizado por las mujeres ha estado invisibilizado?

Esa es una gran pregunta. Creo que las sociedades organizan los trabajos de acuerdo a muchos criterios. Hay teóricas que explican muy bien cómo la dominación parte de entre otras cosas, de la diferencia sexual.

Tú diferencias los grupos humanos de acuerdo a características a veces biológicas, a veces de otro tipo y a partir de eso generas estructuras de dominación y organizas los trabajos.

Una de esa es el sexo, la división sexual del trabajo, otra es la raza, es súper evidente. ¿Quiénes eran los esclavos en el mundo? No éramos todos, no éramos los blancos. Ahí hay otro criterio de diferenciación para dividir el trabajo.

Otra es la orientación sexual, la identidad de género, las mujeres trans no hacen todos los trabajos que hacen las mujeres no trans. Están en determinados sectores donde la sociedad las “acepta”: La prostitución, la peluquería. La nacionalidad puede ser otro: Las mujeres de América latina no hacemos los mismos trabajos que las mujeres europeas.

En la división sexual del trabajo las mujeres históricamente —esto alimentada por una cultura patriarcal— hemos sido las que hemos hecho estos oficios y no es casual que sean los únicos no remunerados. Los trabajos de cuidado son los únicos no remunerados en la historia de la humanidad.

No sé si esa falta de remuneración sea porque somos mujeres, pero lo cierto es que el sistema capitalista necesita de eso porque si no no sobrevive, necesita la reproducción de la fuerza de trabajo y hoy quienes estamos subsidiando eso somos las mujeres.

¿En qué momento se empieza a cuestionar esto y cómo se cuantifica el aporte de las mujeres, ese que sostiene este sistema que estamos subsidiando? Las feministas hablan del “tiempo propio” y plantean que del tiempo de las mujeres disponen sus parejas, hijos e hijas y la familia en general y entonces nuestro tiempo propio es mínimo.

Colette Guillaumin, una feminista marxista, escribió mucho sobre esto, sobre la apropiación colectiva del tiempo de las mujeres como una forma de dominación de este sistema capitalista para aumentar su tasa de ganancia básicamente.

No es un asunto individual, sino que al final, como señalas, el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado tiene una cosa en común y es el género: Somos las mujeres principalmente quienes lo realizamos.

Las encuestas de uso del tiempo, que se utilizan hace poco relativamente, no más de 20 años, han ayudado a mostrar esta dimensión.

En estos días yo hablaba con María Ángeles Durán que también es otra autoridad en el mundo sobre estos temas de cuidado, ella me decía: Dime cuántas horas dedican las mujeres de Bogotá a los trabajos de cuidado no remunerados. En mi tesis calculé esos datos y lo interesante es que el tiempo total de trabajo no pago de las mujeres en Bogotá es igual al tiempo que destinamos a los trabajos remunerados. Tiene la misma proporción en millones de horas.

Eso nos demuestra que efectivamente, como nos han dicho las economistas feministas, es otra economía sumergida. Las mujeres en conjunto, no lo miremos individualmente, le dedicamos el mismo tiempo que el tiempo que le destinamos a los trabajos remunerados.

Si a todas estas mujeres les pusiéramos un salario de trabajadoras domésticas, pues la producción económica en el caso de Colombia sería equivalente al 20% del PIB. Es una cifra inmensa. Claramente este no es un caso aislado, hay una apropiación colectiva del tiempo de las mujeres y ahí viene el debate, entonces qué hay que hacer.

Christine Delphy explica que todo esto ha venido siendo justificado con una cultura patriarcal que además tiene unas instituciones muy bien regladas en la sociedad, como el matrimonio.

Instituciones como el matrimonio son las que históricamente, y eso lo han demostrado las antropólogas, son las que han justificado este tipo de dominación y este tipo de apropiaciones colectivas del tiempo.

El matrimonio funciona muy bien eso, todo esto con una teoría del amor romántico, como lo ha explicado muy bien Coral Herrera, quien politiza mucho este tema. Ella explica cómo el amor romántico no solo es un inmovilizador político de las mujeres sino que es absolutamente funcional a la división sexual del trabajo porque las mujeres creemos que nuestro papel en el matrimonio es ese, estar en función de la familia.

Las encuestas de uso del tiempo demuestran una cosa muy interesante, y es que los domingos y los fines de semana no son el día de descanso de las mujeres, son los días más pesados. Tú miras los tiempos de trabajo de cuidado entre semana versus los fines de semana y el fin de semana se te aumenta todo porque es la reunión familiar.

Hay unos debates muy grandes sobre esto. Hay gente que dice que hay que pagarle a las amas de casa, yo creo que no. No comparto esa posición.

¿Por qué?

Porque eso no va a romper la división sexual del trabajo, al contrario, la va a fortalecer, porque al final es un incentivo para que te quedes en ese trabajo y yo creo que las mujeres también debemos participar de otros sectores de la economía, donde además, salgamos de la esfera del trabajo individual, porque el trabajo en la casa es un trabajo individual.

Es una con las cuatro paredes, cocinando, barriendo. Para las transformaciones que merecen nuestras sociedades el trabajo colectivo es lo principal.

¿Es ahí donde entran las políticas públicas?

Exactamente. Los trabajos de cuidado no han estado en el marco de los hogares a cargo de las mujeres en toda la historia de la humanidad .

Se consolidó casi como un trabajo de cada familia con la llegada del capitalismo, antes no era así. Hay muchos antropólogos que han mostrado que las familias han venido avanzado de acuerdo a los modos de producción que se imponen. No siempre existió esta figura que se denomina familia monogámica: hombre, mujer.

Había matrimonios grupales, familias grupales, de eso no soy experta. Lo cierto es que los trabajos de cuidado tenían un carácter más social.

Las comunidades se organizaban para resolver los cuidados, no era familia por familia, tenían un carácter mucho más comunitario y creo que debemos devolverle ese carácter a los cuidados, más que pagar individualmente a cada mujer para que se quede haciéndolo.

Como lo hacen en muchos barrios pobres, todos comemos, cuidamos a los niños en conjunto, casi que es una necesidad porque no pueden pagar individualmente los cuidados.

La idea con estas políticas es devolverle el carácter público a los cuidados, socializarlos nuevamente, que el Estado asuma sus funciones.

¿Las mujeres son las responsables de cuidar a los enfermos en los hogares? Yo creo que no. ¿Son las responsables de educar a los niños y las niñas en los hogares? Yo personalmente creo que no. Claro, que hay otra gente que cree en esos modelos educativos.

Las preguntas de fondo son: ¿Quién debe hacer los cuidados? ¿Las mujeres? ¿Los hombres? ¿Todos? ¿El Estado tiene alguna función frente a eso? ¿El sector privado tiene alguna función frente a eso? ¿Las comunidades?

Aquí en Colombia ha habido un programa muy famoso, que son las madres comunitarias, que son mujeres de los barrios populares que se han organizado para cuidar a la primera infancia en sus casas, entonces tú traes a mi casa, todas traen a los niños y yo los cuido, sin tener ninguna formación, nada, los cuido.

Es diferente cuidarlos y estar pendientes, a formarlos, y estos modelos de cuidado comunitario en parte existen porque el Estado no responde y es muy propio de los países latinoamericanos.

Y no estoy desprestigiando el trabajo de las madres comunitarias, han hecho un trabajo inmenso y en el caso colombiano por fortuna el Estado las reconoció como trabajadoras hace poco y ahora les paga, antes no, 30 años pasaron cuidado gratis la primera infancia, el futuro del país.

Soy una convencida del papel del Estado en la disminución de las desigualdades. Las mujeres no vamos a dejar de asumir cuidados mientras el Estado no lo asuma.

¿Son las tareas de cuidado la piedra angular de las desigualdades?

Para mí es un absoluto sí. Te lo digo con todos mis sesgos, soy economista y la división sexual del trabajo es la piedra angular de la desigualdad de género y mientras no la rompamos no hay ni la mínima posibilidad de que un país tenga igualdad de género.

Otras personas dirán que no solo es eso, que es un tema cultural, y por supuesto. Es que la división sexual del trabajo se alimenta de una cultura patriarcal. Son dos caras de una misma moneda. El día que las mujeres no nos comamos el cuento y no sintamos culpa de no hacer eso, como los hombres, ¿crees que a los hombres les da culpa no cuidar a los niños? En serio, en promedio no les importa.

Está demostrado que en los gastos por sexo, los hombres invierten mucho más en sus propias cosas. A mí una vez me buscó una periodista de PlayGround diciéndome que habían descubierto que el gasto en el mundo lo determinaban las mujeres, que tuviéramos una entrevista. Pues dale, le dije, pero yo no creo eso ni te voy a defender eso. Que aquí están los estudios, dijo, y me los mandó, que las que movían el consumo en el mundo eran las mujeres.

Pura carreta: eso no es viable porque está demostrado en el mundo que la pobreza está feminizada, que las brechas de salarios por sexo son del 20%, que el desempleo es mucho mayor en las mujeres.

¿Tú de dónde me dices que somos las que más tenemos plata para consumir? Lo que pasa es que esos estudios tienen un sesgo, asumen que los gastos familiares son los gastos de las mujeres: La lonchera de los niños son un gasto de las mujeres. Los hombres invierten mucho más en carros, en artículos de lujo para ellos, las mujeres no.

Las mujeres invierten en la economía familiar, en los hijos, igual el tiempo y el tiempo también es un recurso. Esta es la cultura patriarcal que nos ha hecho creer que nos corresponde y que nos realizamos en el mundo así.

Hay unos estudios muy interesantes que hablan de la falta de identidad o de la doble identidad que tenemos las mujeres cuando criamos chicos y chicas y también tenemos un trabajo remunerado, al final nunca nos sentimos realizadas, ni en el hogar porque siempre estamos pendientes del trabajo, ni en el trabajo porque siempre estamos pendiente del hogar y eso genera graves crisis de identidad en las mujeres porque tenemos una cultura que siempre nos bombardea que somos nosotras, la mujer cambiándole el pañal al hijo, cuidando la casa.

Todo el tiempo es una cultura que alimenta esta división sexual del trabajo. Si quieren hagamos una ley de cuotas que diga que el 95% del Congreso tiene que estar compuesto por mujeres y no van a haber mujeres disponibles. ¿Por qué? Porque no tenemos tiempo.

Lo que dice Guillaumin: Hay una apropiación colectiva del tiempo de trabajo de las mujeres que no nos permite tener autonomía económica y mil cosas, y como dice Coral, para mí lo más grave que no nos permite movilizarnos en conjunto, lo que nos inmoviliza políticamente es el amor romántico.

Por eso en los partidos políticos hay más hombres, porque las mujeres estamos pensando es en cómo tener feliz a nuestro esposo y a nuestros hijos y los hombres sí están pensando en cómo cambiar la sociedad.

Pero no es porque nosotras no queramos ni porque no podamos, tenemos el peso de la cultura y de la costumbre, eso también es difícil, por eso necesitamos campañas de cambio cultural, no solo para que los hombres cuiden más sino también para que nos desmontemos de esta historia.

Nos desmontemos la culpa…

Sí y la culpa es terrible.

Uno de los hallazgos del estudio que realizaste sobre la economía del cuidado indica que las mujeres que tienen trabajos remunerados fuera de la casa, terminan trabajando más horas que las mujeres que solo realizan trabajos no remunerados. Me pregunto si esto es una especie de sanción por salir al espacio público.

María Ángeles Durán piensa que ese es el precio de la autonomía económica para las mujeres y por eso, por lo mismo, es que creo que mientras no socialicemos los cuidados puede ser peor.

Cuando empecé la investigación venía con esta perspectiva que te decía, que las más explotadas y oprimidas eran las mujeres que hacen trabajos domésticos y de cuidado no pagos, y en el marco de la investigación me di cuenta que no solo ellas, que también las de las dobles jornadas que tienen autonomía económica pero como no tienen redistribución de los cuidados, toca seguir cargándolo porque el Estado no aparece y porque seguramente sus parejas tampoco, por esta cultura machista. Entonces terminamos teniendo consecuencias gravísimas en materia de salud.

Están demostrados los problemas de salud para las mujeres por esas sobrecargas y si le sumamos las violencias, pues peor.

También está demostrado que en materia de violencias no solamente sufren violencia las que no tienen autonomía económica porque dependen 100% de su pareja, sino que cuando los hombres sienten que pierden dominación sobre sus parejas porque ellas adquieren autonomía económica, la violencia física se vuelve un factor de control. 

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