Media Cuartilla

Ser mamá, arquitecta y emprendedora

Solía estar bastante cómoda antes de abril del 2018. Soy arquitecta y trabajé por muchos años en una empresa que montaba eventos (fiestas, conciertos, bodas, 15 años…), mi jefe era mi tío y mi papá. Para esa época solo tenía a mi hijo Gabrielito y tenía una rutina que servía perfectamente para todos.

Cuando se acabaron los tiempos de celebrar y festejar, poco a poco la empresa empezó a prescindir de sus trabajadores para subsistir a la crisis y así fue como me quedé sin trabajo en julio de 2018. Me dediqué a las cosas del hogar y a nuestro hijo, mientras temporalmente mi esposo hacía frente a todos los gastos de la familia.  

Al poco tiempo de estar dedicada a la casa comencé a notar que mi hijo de 2 años estaba muy obsesionado con el Ipad y la televisión y esto estaba afectando su aprendizaje. Más adelante nos dimos cuenta que nos enfrentábamos a un posible diagnóstico de autismo nivel I.

Gabrielito estaba presentando retrasos en el lenguaje. Descubrí que era un niño que aprendía de manera no convencional, así que me dispuse a buscar opciones en Internet para fabricarle algún material para apoyarlo en su desarrollo y que dejara a un lado los aparatos electrónicos.

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Al mismo tiempo, un cuñado que vive en Estados Unidos publicó fotos de una tabla sensorial que le fabricó a sus hijos y eso me hizo decidirme por un tablero sensorial, que es básicamente un panel que incluye diferentes juegos y actividades de estimulación para que los niños y niñas aprenden experimentando con sus propias manos y de manera libre.  

La tabla sensorial fue todo un éxito para él, le encanto muchísimo y pasó muchas semanas jugando con ella. Una tarde invitamos a unos compañeros de trabajo de mi esposo a la casa, la tabla sensorial estaba en la mesa de la terraza y ellos hicieron muchos comentarios positivos y sugerencias para mejorar la tabla, inclusive me recomendaron venderla. Antes de ese día jamás había visto el juguete sensorial que fabriqué como un modelo de negocio.

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Desde pequeña amé el arte y hacer manualidades. Desde muy temprana edad supe que quería ser diseñadora. Todo esto sumado a mis conocimientos adquiridos en la carrera y el deseo imparable de querer apoyar a mi hijo me impulsaron a realizar este proyecto casero de fabricar el tablero sensorial para mi Gabrielito.

La idea del negocio comenzó a rondar en mi cabeza y me dispuse a investigar qué negocios existían en Nicaragua que fabricaran localmente juguetes didácticos o materiales educativos. Mi sorpresa fue que no encontré ninguno. Fue ahí que las ganas de emprender tomaron fuerzas y para finales de septiembre de 2018 nació “Chumbitos Nicaragua”.

Comencé vendiendo solo las tablas sensoriales en línea por medio de mi página en Facebook y para mi sorpresa el producto estaba teniendo bastante aceptación en las personas. Poco a poco comenzaron a surgir más ideas de productos y el catálogo comenzó a crecer.

Casi al mismo tiempo que Chumbitos cumplía un año de existir recibimos una llamada del kínder de nuestro hijo y tuvimos que pasar por un proceso de diagnóstico que reveló que existía la posibilidad que el niño tuviese autismo nivel I, el más leve.

Comencé a buscar cómo equilibrar mi tiempo para poder dedicarme a nuestro hijo y sus terapias, pero sin descuidar el negocio. Resultó ser un completo desafío poder encontrar esa proporción y muchas veces quise desistir de emprender. Yo solo pensaba que no quería poner en riesgo el bienestar mi hijo y mi familia, sin darme cuenta que mi hijo era la razón y el impulso que necesitaba para continuar. 

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Y en la búsqueda de ese balance descubrí que estaba embarazada de mi segundo hijo, Matías. Estábamos súper felices pero cada vez se hacía más difícil gestionar mi tiempo. Iba a tener que hacer un equilibrio entre todo lo que implicaba tener un bebe recién nacido, incluidos los desvelos, el kínder de Gabrielito y sus terapias del lenguaje tres veces por semana.

Así fue como comencé a delegar funciones, mi padre se convirtió en mi mano derecha en la producción, mi hermano comenzó a ver las redes sociales, mi madre me ayudaba a cuidar a Gabrelito por las tardes y con una trabajadora doméstica en casa para hacer las labores del hogar, parecía que había logrado la estabilidad que necesitaba y que tanto buscaba.

El posible diagnóstico de nuestro hijo mayor comenzó a darme más fuerzas para continuar con el negocio, ya que él necesitaba materiales particulares para su aprendizaje y en Nicaragua solo encontraba productos ya fabricados traídos de afuera y sin poder hacer cambios o adaptaciones.

Me dispuse hacer una investigación de qué materiales o juguetes didácticos le podrían servir a Gabrielito y que al mismo tiempo se pudieran comercializar. Mis hijos son siempre el control de calidad de cada producto nuevo que Chumbitos saca al mercado, ellos prueban, interactúan y juegan con cada material que fabricamos para estar seguros que serán juguetes que tendrán aceptación por los demás niños y niñas.

Actualmente Chumbitos ya tiene dos años de existir y a pesar de que el camino no ha sido fácil, he aprendido a balancear mi tiempo para dedicarme a mis dos bellos hijos y sacar adelante mi emprendimiento para brindar juguetes y materiales didácticos fabricados localmente, útiles para la educación de nuestros niños y niñas. Cada día es de nuevos aprendizajes.

Voces Sororas en octubre problematiza la maternidad y la aborda desde los conflictos, realidades, silencios y necesidades de distintas mujeres.

Ilustración realizada por Colectiva

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