Media Cuartilla

“Soy enfermera, cuido de otros, pero a veces es desgastante”

La enfermería es practicada principalmente por mujeres y es uno de los trabajos de cuidado remunerados vitales en las sociedades, aunque no siempre es reconocido.

Mi nombre es Sahaira Rugama, tengo 25 años y soy enfermera desde hace tres años. Lo que más me gusta de esta carrera es la satisfacción de ver recuperado a un paciente, que regrese a su casa física y emocionalmente estable y saber que participé en eso. Lo que menos me gusta es la poca gratitud que tienen algunas personas con el personal de enfermería y la baja remuneración económica que recibimos.

Mi primera experiencia cuidando a otras personas comenzó en mi niñez, cuando cuidaba de mi sobrino recién nacido. No lo hacía porque alguien me lo imponía o porque no había un adulto que se hiciera cargo, no, a mí me gustaba. Disfrutaba chinearlo, hacerle sus biberones, arrullarlo, lo veía como a mi hermanito menor.

A esa edad también me gustaban otras cosas, empecé a bailar folclore y esto luego se convirtió en una de mis actividades favoritas. Pero a decir verdad, no tengo más recuerdos de niña.  Años después en mi adolescencia deseé estudiar medicina. Quería verme como una doctora, con bata, profesional, diagnosticando, así que hice todo lo posible para poder hacerlo.

Mis cuatro hermanos y yo somos profesionales gracias a que nuestra mamá se aseguró que lo fuésemos, y curiosamente, todas mis tía paternas son enfermeras.

Intenté aplicar dos veces en la UNAN-Managua y las dos veces quedé en la opción de enfermería. Por último ya no seguí intentando y me decidí por esta carrera. En ese tiempo, mientras realizaba mis prácticas y cuidaba de mis primeros pacientes, me di cuenta que el área de la salud no era lo que yo quería ejercer toda mi vida.

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Entre las razones por las que pensaba que no necesariamente quería envejecer realizando esta labor estaba la gran responsabilidad que lleva cuidar de alguien, pero cuidar en todos los aspectos. Cuando cuido de mis pacientes el plano físico es solo uno de tantos. Les tengo que suministrar el tratamiento, crearles sus horarios de medicina y velar por sus signos vitales, sin embargo, de lo que nadie es habla es de la responsabilidad emocional que también tiene que asumir la enfermera.

Las emociones siempre afectan al cuerpo y yo como enfermera debo velar por la salud de mis pacientes. Cuando uno se deteriora emocionalmente vienen los colapsos físicos en todas las áreas. La manera en que llevan estos problemas varía de paciente en paciente, no a todos les afecta igual ni lo manejan de la misma manera, pero el cuido de ellos y de evitar que se empeoren es mi responsabilidad. Este aspecto es uno de los que no siempre se reconoce.

Actualmente tengo una paciente mayor de edad que está encamada, por tanto tiende a deprimirse con mucha facilidad. En cada turno me las ingenio para platicar con ella, para crear un ambiente de confianza, procuro que me cuente su vida.

En Nicaragua hay 9 enfermeras y enfermeros y 8 auxiliares de enfermería por cada 10,000 habitantes, de acuerdo con datos del Mapa Nacional de la Salud del Ministerio de Salud.

A ella le gustaba bailar de joven, así que le pongo las mismas canciones para alegrarla, busco música de Antonio Aguilar o al grupo Joselito. Como también es una persona religiosa, le pongo músicas de alabanza, le doy la libertad que me cuente todo lo que me quiera contar y hasta chistes me enseña. Cada día intento crear algo nuevo, pero es sumamente difícil.

La dificultad viene porque una también tiene sus mismos problemas. Cuidar de otras personas suele ser agotador. Por eso lucho todos los días por cuidar de mí misma. Solo así podré cuidar de otros y de otras.

Cuando la carga es mucha me dan crisis y últimamente ha sido seguidas, así que me auxilio con mi terapeuta, me desahogo con mis amigos, pido ayuda a mi red de apoyo. Aunque a veces me olvide de mis propios problemas físicos, en algún punto siempre lo retomo y es algo en lo que todavía trabajo.

Desahogarme sobre mi trabajo no es algo que pueda hacer con cualquiera. Todavía se tiene la idea de la enfermera perfecta o de la enfermera invencible que nunca comete el pecado de quejarse. Por suerte, entre colegas no es así ya que sabemos cómo es que se vive, no obstante, contarle a un particular sobre los problemas de cuidar de otros significa tragarme un gran sermón, me miran como si fuera una mala persona o como si estuviera maltratando a algunos de mis pacientes.

Primero me preguntan condescendientemente por qué estudié enfermería si después me voy a quejar, luego me dicen que busque otro trabajo si ese no me gusta y si no es suficiente, me encaran indignados que dónde está mi vocación, que la enfermería es una carrera para las personas que sienten amor. Según ellos, cuidar de otros es un servicio social al que debo entregarme sin replicar y no un trabajo remunerado como cualquiera en el que soy una trabajadora regular. La gente no entiende que somos personas cuidando personas.

Otra de las dificultades que enfrento como enfermera no solo es tratar con las personas bajo mi cuidado, sino también tratar con sus familias. Muchas veces ellas son un obstáculo para mi trabajo, ya que me dicen qué hacer y cómo hacerlo. La condescendencia con los enfermeros y enfermeras es algo con lo que he vivido desde que soy profesional.

Una labor menospreciada

Nuestro trabajo es el más infravalorado en toda el área de la salud, a pesar que nuestro papel es clave es la recuperación de las personas y somos quienes estamos de frente con el paciente. Hay quienes creen que solo servimos para poner inyecciones y limpiar traseros, pero eso no es cierto. Y ese trato está impregnado incluso en algunos jefes.

A veces ser enfermera en la familia es estar dispuesta a cuidar de todos sin remuneración, o al menos eso piensan algunos familiares. Muchas veces me encontré en situaciones en la que me sentía obligada a cuidar de algunas personas. Ahora si cuido de alguien sin paga es porque tengo el deseo, no porque estoy presionada. Obviamente, no todos se lo tomaron bien, pero son ellos quienes tienen que lidiar con el enojo, no yo.

Como enfermera tampoco me queda mucho tiempo libre, en ocasiones no tengo tiempo ni para cuidar a mis gatos, sin embargo cuando encuentro el tiempo lo ocupo para dormir, para salir a comer o a tomar algo con mis amigos y por supuesto, todavía sigo bailando folclore.

No es que una carrera basada en cuidar de otros sea mala, sino que la sociedad suele deshumanizar nuestra profesión. Muchos olvidan que nosotras también requerimos de cuidado y de atención.

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