Media Cuartilla

La vida en comunidad: Karata, Wawa bar, Wauhta y Haulover antes del desastre

¿Cómo eran las comunidades indígenas arrasadas por los huracanes Iota y Eta? La antropóloga Arelly Barbeyto lo narra.

Las comunidades Miskitu de Karata, Wawa bar, Haulover y Wauhta, situadas al sur de la ciudad de Bilwi, en el Caribe Norte, y hoy devastadas tras el paso de los huracanes Eta y Iota, tienen más de cien años de existencia y están rodeadas de humedales, lagunas y ríos, recursos naturales que antes de los huracanes ya se encontraban amenazados debido a prácticas depredatorias y poco sostenibles de pesca artesanal e industrial.

Previo a los desastres naturales recientes contrastaba la abundante belleza escénica y recursos que proveían el sustento a las familias indígenas, con la escasa atención recibida por el Estado en el suministro de los servicios sociales básicos (agua, energía y transporte).

Entre más alejadas están las comunidades de las ciudades importantes como Bilwi —cabecera municipal de Puerto Cabezas y de la Región Autónoma del Caribe Norte—, o Alamikamban —cabecera municipal de Prinzapolka—, es menor la prioridad para el Estado. Además de ser una región diversa cultural y lingüísticamente, también lo es en la dispersión, dificultad de acceso y de altos costos de la vida.

Las regiones del Caribe en lo general y los municipios y comunidades en particular, sufren la exclusión y le corresponde a ellas resolver el suministro de necesidades básicas, algo que debemos a la integración desigual al Estado de Nicaragua en 1894, con el general José Santos Zelaya, y que se muestran en los indicadores de desarrollo humano de estas poblaciones. 

El Índice de Desarrollo Humano (IDH) del municipio de Prinzapolka es el más bajo de la totalidad de municipios de la RACCN, oscilando en 0.420%, siendo de 10.1% la cobertura de agua potable. El porcentaje de niños con bajo peso al nacer oscila en 15.79%, el más acentuado de toda la región.

Las comunidades estaban acostumbradas a lidiar con las vulnerabilidades climáticas y las muchas carencias socioeconómicas, pero ahora los desafíos para sostener la vida se vuelven mayores. Producto del impacto de los huracanes, Karata, Wawa bar, Haulover y Wauhta ven afectados sus medios de vida, especialmente la alimentación. También perdieron sus medios de trabajo, tales como las redes de pesca, termos, cayucos y motores.

En la comunidad de Wawa impactó el ojo del huracán Eta el pasado tres de noviembre y trece días después, el huracán Iota entró por Halouver.

Debido a que estos huracanes eran altamente destructivos, de un día a otro desaparecieron las bellas comunidades establecidas al borde de lagunas y del mar Caribe. Hoy las comunidades del litoral sur, ubicadas entre el territorio de Karata y Prinzu Auhya Un, están arrasadas. El ambiente es de desolación. No ha quedado nada en pie, ni los árboles de cocos, ni una casa, escuela o iglesia.

La punta (ta) de Karata, uno de los sitios históricos de esta comunidad, está erosionada e invadida por las aguas de la laguna. Todas las casas están en el suelo. En Haulover los grandes cocoteros que se ubicaban frente al mar están caídos y la franja de tierra que era el sitio habitacional, ha sido irrumpido por una naciente barra que abrió paso entre la laguna de Wauhta y el mar Caribe. El corazón de sus pobladores se hace chiquito al ver cómo ha quedado su territorio. Sin nada.

Todas esas comunidades eran paraíso en el Caribe. Así la veíamos nosotros los fuereños, así la apreciaban sus hijos e hijas. ¿Pero cómo eran antes de Eta y de Iota?

Karata. La comunidad está ubicada sobre humedales, frente a la laguna del mismo nombre. Tiene un muelle comunal y se encuentra a unas 17 millas de Bilwi. Para llegar hasta el sitio se debe tomar el servicio de transporte acuático del puerto lacustre de Lamlaya, que conduce hasta la comunidad tomando ríos y la laguna.

También se puede ingresar por el mar abierto a través de la comunidad de Wawa bar. Viven 370 familias de identidad Miskitu. Con el impacto del huracán Eta muy pocas viviendas habían quedado en pie y al pasar Iota no quedó nada, más bien los sitios habitables quedaron inundados y los manglares diezmados, sin árboles, sin casas, sin gente. La mayor parte de su franja sobre tierra es de humedales. Actualmente hay mucha agua y no es habitable. Su población está aún en albergues en Bilwi y otras, con familiares.

Wawa. Está situada frente al mar Caribe, en sus inmediaciones se localiza la barra que desemboca en la Laguna de Karata y tiene salida al mar. Se encuentra a 15 millas al sur de Bilwi y para llegar a esta comunidad se toma el transporte acuático en el muelle de esa ciudad, o bien a través de Lamlaya, tomando como ruta la laguna de Karata. Se sitúa al sureste de Karata.

A Wawa la impactó Eta de frente, pasó el ojo del huracán e inundó con olas de 3 metros toda la comunidad. Algunas viviendas soportaron, particularmente las de concreto. Aun así la población se movilizó para rehabilitarlas. Los siguientes días fue impactada nuevamente por Iota, y este fue más cruel. No dejó nada a su paso. Incluso desbarató aquellas construcciones de concreto y se tragó las viviendas de madera. Ni una pieza dejó. Hoy sus pobladores la comparan con sus fincas, donde no hay vida.

Haulover es una comunidad con una geografía singular, está situada entre el mar y la laguna de Wauhta. De acuerdo a Davis, Dalvez, & Tom (2015), la zona costera está compuesta por una franja variable de tierra sedimentaria de aproximadamente 100 a 400 metros de ancho.

Este es el panorama de Haoluver. Foto extraída de los videos de Unicef.

Al este se encuentra la plataforma continental y los arrecifes del mar Caribe, y en el lado oeste la laguna de Wauhta, de una extensión de 87 km2. Haulover está a 25 km de Bilwi, sobre la franja costera del litoral sur.

Si todas las comunidades se caracterizaban por su singular belleza escénica, Haulover lo era más. Era inmensamente bella, pero el Eta y más el Iota la destruyó por completo. Hoy la barra naciente abrió paso por el centro de la comunidad, es inhabitable, algunas de las viviendas están bajo el agua que brota de la laguna de Wauhta. De sus viviendas no ha quedado rastros y sus pobladores deben iniciar de cero.

Wauhta está instalada frente al mar Caribe y a la par de la laguna de su mismo nombre. Geográficamente se ubica al sur de la comunidad de Haulover. Está a 30 km de distancia de Bilwi. Su comunicación con el resto de comunidades y Bilwi es vía marítima o por el canal intercostal utilizando las lagunas. La habitan 417 familias Miskitu. Es la más alejada de Bilwi.

El huracán Eta no la afectó tanto, pero con el impacto del huracán Iota fue destrucción total. Su anterior sitio habitacional ya no existe, esta comunidad igual que todas las antes mencionada, fue anegada por el mar, que se llevó cuanto pudo. Al momento del Iota ni uno de sus habitantes estaba en el sitio, eso evitó la catástrofe humana, pero pese a eso el impacto es enorme. Todavía su población está en los albergues en Bilwi y muchos se refugian con familiares en Bilwi y otros pobladores de Prinzapolka.

Los territorios

Las comunidades están aglutinadas por territorios, que son un conjunto de comunidades que comparten el uso y ocupación de espacios geográficos que poseen áreas comunes de reproducción social. Karata pertenece al Territorio Indígena de Karata.

El territorio es extenso y cubre comunidades de Dakban, Lamlaya y parte de la ciudad de Bilwi es de su propiedad. Así es reconocido por el Tratado Harrison – Altamirano (1905). En la actualidad se sitúa en el municipio de Puerto Cabezas. Mientras que Wawa, Halouver y Wauhta son comunidades que comparten territorio en Prizu Auhya Un en el litoral sur y pertenecen al municipio de Prinzapolka.

Los territorios de Karata y Prinzu Auhya Un son parte de la Reserva biológica Cayos Miskitu. Poseen derechos especiales sobre la superficie de las áreas costeras inmediatas, obteniendo según la ley 445 derecho exclusivo para el aprovechamiento de los recursos marítimos para pesca comunitaria y artesanal dentro de las tres millas adyacentes al litoral y 25 millas de los cayos e islas adyacente.

Las comunidades indígenas y afrodescendientes habitantes en el litoral Caribe tienen muchas formaciones lagunares que los expertos le llaman “sistema inter-lagunar”, que se extienden desde Cabo Gracias a Dios hasta Prinzapolka. La mayoría de estas lagunas son de poca profundidad, y están conectadas con tierra firme a través de ríos, lagunas de agua dulce y pantanos salobres (Williams Smith, Chavarria Smith, & Williamson, 2019).

Todas las lagunas desembocan en el mar Caribe, formando una barra en donde las aguas del interior de la laguna se unen con las del mar. La “barra” en momentos de invierno puede resultar muy peligrosa.

Las lagunas más importantes que se ubican en este sector geográfico son: Karata (36.6 km2 superficie) y Wauhta (87.25 km2 de superficie), todas ellas bordeadas de bosque de manglares que, a juicio de Davis, Dalvez, & Tom (2015), eran sitios que se encontraban vírgenes, es decir, sin intervención humana en 2015, fecha del estudio. Todas estas comunidades están ubicadas geográficamente a la orilla del mar, a excepción de Karata.

Viven de la pesca

Las economías de las comunidades costeras en la actualidad están muy ligadas a la pesca industrial y éstas a la vez, a los mercados globales que conectan a las economías comunitarias indígenas.

Una imagen de Karatá previo al huracán. Foto de Arelly Barbeyto.

No obstante, sus pobladores desarrollan actividades de agricultura que realizan en las áreas de bosque o en el interior del territorio, generalmente en pequeñas franjas de tierras en donde cultivan arroz, frijoles, yuca, bananos y plátanos para la subsistencia. También se siembran árboles frutales alrededor de los patios en las viviendas de la comunidad.

La agricultura se destina para el consumo familiar, y es considerada como complementaria. El PNUD (2005) da cuenta de que producto de la incursión de los procesos industriales de la pesca en estos territorios, cada vez más se van alejando de las labores agrícolas, volviéndose más dependientes de los ingresos derivados de esta actividad.

La actividad de pesca en alta mar y lagunar es un trabajo exclusivamente de los hombres, en cambio en la pesca de ríos participan las mujeres, niños y jóvenes.  Las tecnologías también son diferenciadas, las mujeres usan mosquiteros y anzuelos, en tanto los hombres utilizan trasmallos, líneas, cuerdas, mecates.

Las mujeres participan con mucho dinamismo en las actividades de comercialización de mariscos cuando tienen que viajar hasta Bilwi para entregar productos a las empresas empacadoras o bien, comercializarlo en el mercado local.

Karata fue arrasado por los dos huracanes. Foto de Arelly Barbeyto.

La recolección (semillas, frutos silvestres) de igual forma son actividades en las que participan fundamentalmente mujeres, niñez y adolescentes. A la vez, en ciertas fases de la siembra y cosecha la contribución de las mujeres es importante, asistiendo a las fincas o plantaciones que se ubican alejadas de los sitios de asentamiento humano.

La producción pesquera capturada por las comunidades generalmente se vende en el mercado local (PNUD, 2005), y también se acopia y comercializa por empresas empacadoras de mariscos localizadas en la ciudad de Bilwi. Por ahora se perciben prácticas extractivas inadecuadas que están agotando el recurso, ya que ante la falta de alternativas económicas es la única actividad de importancia para la generación de ingresos de la familia.

Si bien, poseen una considerable belleza escénica, el turismo no es una actividad promovida en esta zona y tampoco existe infraestructura para su desarrollo.

El wihta es clave

Los Miskitu en todos los territorios basan su organización conforme sus prácticas socioculturales. Para atender sus asuntos locales el wihta o juez comunitario es con quien arreglan sus desavenencias y se encarga de establecer las coordinaciones con las autoridades del Estado (Alcaldes, concejales regionales, gobierno regional, delegados de gobierno). 

El wihta, generalmente un hombre, trabaja con una junta directiva a nivel comunal, se acompañan en su trabajo del consejo de ancianos. El Territorio también tiene su gobierno, que funciona en la forma de Gobierno Territorial Indígena o GTI, atendiendo a todas las comunidades que la conforman. Así funcionan desde la aprobación de la ley 445 o ley de territorios indígenas, y amparados por la ley de autonomía o ley 28.

Las instituciones religiosas son muy importantes, únicamente en Karata hay presencia solo de los moravos, pero en todas las demás, también funciona las iglesias evangélicas y católicas, aunque no son mayoritarias.

La sociedad indígena es altamente religiosa y sus prácticas son una fusión entre espiritualidad indígena ancestral y la religiosidad occidental. La presencia de los Moravos antecede a la del Estado, evangelizando en el Caribe nicaragüense desde 1849.

La iglesia constituye una institución de respeto y referencia para las comunidades. Ser miembro del coro, participar de la estructura de la iglesia o asistir a sus actividades en la comunidad tiene vital importancia para sus pobladores. La comunidad gira en torno a ese espacio, las iglesias están en el centro de la comunidad Miskitu.

La iglesia de Karata. Foto cortesía de Arelly Barbeyto.

Desde el punto de vista cultural, los pueblos indígenas en general y los Miskitu en particular, creen que los espacios tienen dueños y, por tanto, deben cuidar el medio ambiente, así como pedir permiso para incursionar en espacios de bosque (los llanos), o las aguas (pantanos, ríos, lagunas y el mar).

Con el paso del huracán Félix (2007), las comunidades Miskitu del litoral norte creían que los espíritus habían quedado sin hogar y, por tanto, muchos enfermaban (enfermedades culturales o biomédicas). Este mismo fenómeno puede ocurrir hoy si las autoridades de salud de la región no atienden con prioridad esta situación, siguiendo lo establecido en el Modelo Intercultural de salud y la ley de Autonomía que protege los derechos de sus pobladores con prácticas culturales de salud específicas.

Las viviendas son estructuras de maderas sostenidas por postes (generalmente de manglar), con algunas construcciones habitacionales de concreto —particularmente en la comunidad de Wawa bar—.

Siendo el Caribe una región en la que llueve durante casi todo el año, la abundante humedad aunado a las prácticas culturales prevalecientes, sostienen esta costumbre entre las comunidades indígenas. Construir una vivienda de madera, dice García (2012), tiene un costo promedio de U$500, en comunidades que todavía tienen bosque. Con el impacto de los huracanes esta será una de las mayores dificultades que enfrentarán las poblaciones.

Estas localidades usan los servicios básicos que ofrece el Estado en sus lugares, particularmente educación primaria y un puesto de salud con asistencia de una enfermera, con la visita de un/a médico por temporadas. Hasta la fecha no han tenido acceso a energía y agua potable.

Un espacio comunal en Karata, previo al impacto de los huracanes. Foto cortesía de Arelly Barbeyto.

Por ser comunidades ubicadas en sistemas de humedales, los servicios de agua han tenido que ser creativos, tales como los que ha desarrollado el programa de Water Aid al construir almacenes de agua, cosechando agua o distribuido filtros artesanales para garantizar la calidad del agua. En verano estas comunidades perecen de agua, acudiendo a fuentes subterráneas que poseen en su territorio, en algunos casos muy alejados de sus sitios habitacionales.

Por ahora tienen acceso a telefonía celular por parte de las empresas privadas que distribuyen este servicio, pero con poco alcance.

El transporte público dentro de las comunidades es inexistente, generalmente es privado y de alto costo debido a los precios del combustible en la zona. Los pobladores viajan hacia Bilwi u otras comunidades por medio de motores fuera de borda, también con cayucos movilizados por remos cuando las distancias son cercanas y con motor cuando sus viajes son de mayor trayecto.

Con el Programa de Transporte de la Cooperación Danesa (PAST – DANIDA) se construyó un canal intercostal que une las lagunas de Karata y Wauhta, que los comunitarios utilizan en tiempo de invierno. Todas estas comunidades recurren al embarcadero lacustre de Lamlaya, para ello tienen que traficar por la laguna de Karata, y también usan el muelle de la ciudad de Bilwi cuando viajan por mar abierto.

El béisbol y el King pulanka

Las prácticas recreativas son diversas. En términos deportivos el béisbol es una de las actividades más importantes. El equipo representativo del litoral sur es el de la comunidad de Wawa bar. Siendo uno de los más destacados, tiene muchos trofeos en la liga indígena y también participa en la liga mayor “A” desarrollada en el municipio. Es tanta su fama que algunos atletas de Wawa han integrado el equipo de la Costa Atlántica en el pasado o Costa Caribe hoy.

El béisbol es un deporte eminentemente masculino, pero las mujeres juegan sofbol. En la liga indígena y municipal el equipo femenino de Wawa bar es el protagonista.

Una mañana deportiva en Wawa bar. Foto de Katrina Williams

En términos culturales se juega el King pulanka o juego del rey y la reina, ésta es una parodia al rey Mosco que existió en la época del reinado Miskitu bajo el protectorado inglés en el pasado.

El King pulanka se celebra entre los meses de enero y febrero de cada año. De igual forma se recibe el año nuevo con prácticas como Maskaret o enmascarados, que es un juego que realizan los más jóvenes de la comunidad: roban objetos durante la noche que luego sus dueños deben reclamar y pagar para recuperarlos.

Adicionalmente, desde la iglesia se realizan conmemoraciones cristianas como la navidad y semana santa, en el que se desarrollan actividades de teatro basadas en pasajes bíblicos.

Las comunidades costeras frente a los desafíos de la naturaleza

Las comunidades de los litorales son vulnerables a los fenómenos naturales y en la actualidad se encuentran frágiles frente al cambio climático que afecta a todas las comunidades costeras en el mundo.

Después del huracán Félix (septiembre 2007) se desarrollaron programas con el objetivo de preparar a los talentos humanos para enfrentar las emergencias climáticas y asumir nuevas prácticas como una manera de afrontar los eventos cada vez más amenazantes. Uno de ellos fue el programa de la Unión Europea “Dipecho – Echo” que por un período de ocho años trabajó en toda la franja costera de la Costa Caribe nicaragüense, desde laguna de Perlas hasta la Moskitia hondureña.

En el contexto del programa Dipecho – Echo se realizaron procesos de capacitación de los liderazgos comunitarios, dándose a conocer cómo enfrentar las amenazas, de la misma manera en que se refrescó la cultura para atender las emergencias climáticas (sequías, inundaciones, huracanes, otros), consolidando las Alertas Tempranas desde la comunidad.

No obstante, con la frecuencia de las amenazas, las comunidades se encuentran desafiadas debido a la sobreexplotación de sus recursos naturales (marino costeros, forestales), además para que las respuestas sean integrales se requiere del acompañamiento oportuno y continuo de parte de las autoridades territoriales y estatales. 

Frente a los retos climatológicos es posible que los pueblos se encuentren con conocimientos de cómo enfrentar de una mejor manera los eventos atmosféricos, y están mejor preparados en sus propios sitios o fuera de ellos, organizando rutas de evacuación, así como la creación de albergues adecuados con la necesaria coordinación interinstitucional.

No obstante, los sistemas de alertas tempranas tienen que revisarse de forma constante y propiciar la organización desde la localidad para enfrentar las múltiples amenazas. En ese sentido, el trabajo colectivo y en unidad es de vital importancia y los pueblos indígenas tienen ese valor como principio filosófico, que pudiera ser útil para los nuevos eventos que se avecinan.


Referencias

Davis, S., Dalvez, M., & Tom, E. (2015). Sistemas de producción Miskitu de Haulouver. En FAO, Sistema alimentario tradiconal de Abya Yala (págs. 16 – 50). La Paz. Obtenido de FAO: http://www.fao.org/3/a-i4670s.pdf

García, S. (2012). Sangnilaya: prácticas de autonomía en una comunidad Miskitu de Nicaragua. Managua: UCA Publicaciones.

PNUD. (2005). Informe de Desarrollo Humano 2005. Las Regiones Autonomas de la Costa Caribe ¿Nicaragua asume su diversidad? Managua: PNUD.

UICN, URACCAN Y APRODIN. (s.f.). Pueblos originarios y afrodescendientes de Nicaragua. Etnografía, ecososteimas naturales y areas protegidas. Managua: UICN, URACCAN Y APRODIN.

Williams Smith, D., Chavarria Smith, D., & Williamson, M. (2019). Biomasa de las lagunas costeras de la Reserva de Los Cayos Miskitos. Revista Universitaria del Caribe Vol 22 (1), enero – junio , 69 – 77.


 Foto principal cortesía de Leo Henríquez

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