Media Cuartilla

“Las mujeres que nombramos las violencias siempre incomodamos”

La escritora sonorense Gabriela Rochín Navarro está detrás de “Los zapatos de Catalina”, una iniciativa que busca evidenciar las diferentes expresiones de la violencia de género, darle voz a las mujeres y con eso, ayudar a que sanen.

Cuenta que todo inició con su historia personal y luego se fueron sumando las de mujeres en su entorno cercano. Ahora llegan relatos desde sitios tan lejanos de México y de países como España, Uruguay, Ecuador, Argentina, Brasil y Estados Unidos.

Decenas de mujeres que sienten confianza de compartir sus experiencias en un espacio virtual , dejando como referencia un nombre, que no siempre es el propio, y una fotografía de sus zapatos, aquellos que las hacen sentirse cómodas o que simbolizan sus sueños, sus anhelos, lo que superaron.

¿Cuál fue tu motivación para comenzar a publicar este tipo de historias?

Hay una respuesta larga y una respuesta corta. La respuesta larga tiene que ver conmigo y con mi propia historia de vida. En mi casa somos tres mujeres, tres hermanas con una fuerte presencia femenina, también están mis compañeras de trabajo y amistades que hemos vivido diferentes tipos de violencia.

El año pasado, durante 2019, ocurrió algo. Tanto individual como colectivamente yo escribía en una revista cultural y quería hacer algo independiente que no fuera ficción y que fuera replicable. Tuve la oportunidad de participar de un taller de Ensayo Autobiográfico con unas compañeras feministas en la Ciudad de México y coincidió con las protestas en el Metrobús y el Ángel de la Independencia y de nuevo me encontré en una mesa rodeada de mujeres que teníamos vivencias de violencia que contar, desde abuso verbal, psicológico, sexual, intentos de secuestro, de feminicidio y eso hizo realmente un clic en mí.

Después en mis propias redes vi la polarización debido a las protestas, por un lado unas personas que decían: “Es que estas mujeres han pedido justicia por todos los canales posibles y sus hijas no aparecen”,  y por otro lado, esta parte de la sociedad que dice: “Oye mujer esta no es la forma, cómo te atreves a romper y a rayar y destruir”.

No recuerdo particularmente el post que hizo un amigo mío que me incendió por dentro y empecé a contestarle, cuando vi tenía una cosa larguísima y la verdad es que dije: no, esto no puede parar solamente en una respuesta a él, en una cosa de redes sociales, tenemos que de alguna manera generar empatía y nombrar nuestras historias y las violencias que nos atraviesan.

Así fue que se gestó para ir comprendiendo en lo micro una realidad macro que existe en este país. México tiene mucha violencia hacia las mujeres y  somos asesinadas, entonces es contar nuestras propias experiencias, hablar de cómo sobrellevamos la violencia en nuestras casas, de cómo cubrimos nuestros cuerpos, de cómo nos protegemos pero también de lo expuestas que estamos a la violencia dentro de la casa, en el trabajo, en el transporte.

¿Por qué el nombre? ¿Por qué los zapatos?

Catalina es un nombre que yo he usado desde hace mucho como seudónimo para escribir relatos de ficción y los zapatos son un símbolo de libertad, de diversidad. Han llegado no solo zapatos sino botas, huaraches, hasta zapatillas de ballet, pantuflas, todo aquello que hace a las mujeres sentirse cómodas o tienen un significado especial para ellas, algo que sueñan, anhelan o han superado.

¿Consideras que a partir de esta denuncia o este compartir que se hace en Los zapatos de Catalina algo en cada mujer cambia?

Sin duda, yo con cada una de las mujeres genero una especie de conversación previo a la publicación y a todas les pregunto: ¿Qué hubieses necesitado que no tuviste y qué te agradeces ahora? Porque no solo se trata de revolver nuestra experiencia dolorosa solo por compartirla, que es muy legítimo y válido, sino para remirar e intentar resignificar eso que ocurrió,  para que todas, todos y todes podamos entender lo que nos pasa para poder aprender y evitar repetir. Entonces sí creo que por dentro se acomoda algo.

Leer también: La pandemia ha empeorado la situación de las mujeres”

Antes de publicar cada historia la comparto con la persona que me la contó y le envío el borrador final. Ha habido varias veces que ellas me comparten que al ver su historia en primera persona con las palabras que ellas mismas usan, leyéndolas como si fuera un texto ajeno, algo libera, algo acomoda, algo se sana sobre todo porque desde el primer instante es un sitio seguro, donde nos creemos, nos acompañamos, no nos juzgamos, no nos revictimizamos, entonces empezamos a sostenernos entre nosotras y a tejer una red de mujeres ahora sí literalmente por todo el mundo, que estamos compartiendo y diciendo «a mí también me pasó esto».

Gabriela Rochín Navarro, escritora sonorense que creó Los zapatos de Catalina. Foto cortesía.

¿Cuántas mujeres de las que han compartido su testimonio han llevado sus casos a la justicia?

De todos los testimonios hasta la fecha, solo una mujer en Uruguay logró la pena máxima de 12 años por intento de feminicidio. Es una proporción similar a las estadísticas del Estado, donde el 99% de las denuncias terminan en la impunidad debido al sistema machista, un sistema que revictimiza. En muchos casos no hay privacidad, hay un ambiente denigrante para las víctimas. Ellas buscan las instituciones con la intención profunda de sentar un precedente y que no vuelva a suceder, pero vemos que a la justicia no llegan la mayoría de los casos.

 ¿Cuál sería la clave para evitar la revictimización?

Yo creo y siempre apuntaré a la educación porque podemos capacitar a nuestros poderes de justicia, hacer cursos y talleres, pero si en nuestros ambientes más íntimos la educación continúa siendo desigual, machista y la cultura sigue solapando esta diferencia entre hombres y mujeres o tolerando la violencia, al final de cuentas las leyes que tenemos y el sistema no cambiará.

Las instituciones son el reflejo de lo que somos como sociedad y mientras no veamos el cambio en un aspecto, no lo veremos en el otro.

Como mujer dos cosas empezaron a ayudarme a desmantelar este pensamiento patriarcal tan instalado en mi mente, en primer lugar las mujeres cercanas a mi vida que me decían “Estudia, que nadie te diga lo que debes hacer”; platicar con mis amigas de nuestras experiencias y la lectura, que te abre la mente y te hace ver muchos más comunes denominadores.

¿Los zapatos de Catalina podrían ser una forma de replicar estos movimientos como el #Metoo o #Yotecreo, un espacio para creerle a las mujeres que no encuentran credibilidad en las instituciones cuando denuncian?

Pues yo creo que sí, aunque esto va más allá. Sin duda estos movimientos son necesarios en este momento histórico, pero no debemos de perder de vista que esto no comenzó con estos hashtags que están presentes porque ahora estamos levantando el tema y hablando de la violencia y nombrándola, pero (la violencia) ha estado en las calles, en los espacios privados y desde antes hubo una red subterránea casi invisible y silenciosa de mujeres sosteniéndose, cuidándose y cuidándonos.

Ahora cada vez vamos tomando la palabra, alzando la voz y el hecho de nombrarnos, de legitimarnos y legitimar lo que nos ha sucedido es poderoso.

¿De qué manera se protege Los Zapatos de Catalina de los ataques?

Bueno en realidad estoy muy contenta porque esos ataques son quizás uno de cada cien comentarios, la gran mayoría de las personas que siguen Los zapatos de Catalina somos mujeres, pero ha sucedido, hace como una semana entró un hombre al muro de facebook a postear en la historia de una de ellas, escribió que “había demasiadas experiencias, que exageraba”,  y en ese momento le contesté, claro a nosotras siempre nos han llamado locas, histéricas, eso no es novedad. Entonces me respondió: “Calma no seas agresiva porque si eres agresiva estás haciendo lo mismo que atacas”, y entonces solo me reí y lo dejé por la paz.

Leer también: “Los hombres que abusan, violan y matan fueron educados en esa ‘pedagogía de la crueldad’”

Afortunadamente la abrumadora mayoría de los mensajes tienen que ver con mujeres que no se conocen entre sí y empiezan a decirse entre ellas yo te creo, te abrazo desde donde estoy, eres muy valiente, luchaste por tu vida, así que es uno de cada 100 o 200 el que se atreve a echar odio aquí.

Al final siempre vamos a incomodar, mujeres que estemos hablando, nombrando las cosas y alzando la voz, luchando por nuestros derechos, vamos a incomodar y hay que tenerlo claro y no cansarnos hasta que la dignidad se vuelva costumbre, como dicen algunas consignas aquí.

¿Cómo sería un mundo ideal para las mujeres?

En un mundo ideal Los zapatos de Catalina no existirían, no sería necesario nombrar las violencias. Yo pienso en mi sobrina de cinco años y me hago mucho esa pregunta de un mundo ideal.

Me pregunto en qué mundo me gustaría que Paula creciera, y me respondo: En un mundo donde ella no tenga que justificar quién es, que no tenga que ser valiente, que no viva con miedo, que conozca la violencia de género como una mala anécdota de las mujeres de la historia del pasado, pero lamentablemente se sigue viviendo y esta es mi manera de luchar.

Las generaciones siguientes me dan mucha esperanza porque está generación tiene acceso a información, que al menos yo que tengo 38 me tardé un montón todavía en repensarme y en acceder a información y recursos, y fui a estudiar una maestría dónde aprendía cosas del patriarcado y las estructuras de poder, y de repente voy a las colectivas de la ciudad de México y hay niñas de 16 años, de 18, de 20 años que están educándose y que no están dispuestas a tener tratos machistas o conductas misóginas, que están dispuestas a salir a la calle y levantar la voz, y eso me da esperanza y muchas ganas de seguir hacia adelante con esperanza y no con miedo.


Ilustración realizada por Colectiva

A %d blogueros les gusta esto: