Media Cuartilla

“La pobreza del periodo”, uno de los efectos de los impuestos sexistas

Aris Balbuena, coautora de la investigación ¨Impuestos Sexistas en América Latina¨ —que revela que en 9 de 10 países de América Latina estudiados se gravan las toallas sanitarias y los tampones— sostiene que “en cuestiones impositivas se ignoran las necesidades básicas que tienen las mujeres”, por lo que es necesario abrir la discusión sobre los sistemas tributarios regresivos y apostar por la gratuidad de los productos básicos de higiene de las mujeres.

“Hay algo que se llama ‘la pobreza del período’, que es cuando personas de bajos ingresos no pueden acceder a productos adecuados y en cantidad suficiente para una menstruación digna, y se ven en la necesidad de utilizar otros métodos, como capas de tela por ejemplo, o no pueden cambiar las toallas sanitarias con la frecuencia que en términos de salud está determinada”, explica.

Balbuena es economista y tiene una maestría en Desarrollo Rural. Trabaja actualmente para el Instituto de Investigación Social para el Desarrollo en República Dominicana y junto a otras amigas feministas es fundadora de la colectiva Insumisas.

En esta entrevista ahonda sobre cómo afectan los impuestos sexistas a las mujeres, resaltando entre éstos las limitaciones a la participación social. “Si no tengo los productos para vivir una menstruación digna, eso limita mi salida a la calle, la ida a la escuela, la ida al trabajo o si no lo tengo en las cantidades que lo necesito, aumenta el riesgo de mancharme y hay toda una serie de tabúes y estigmas alrededor de la menstruación, lo cual se convierte en un desincentivo», dice.

¿Qué es un impuesto sexista?

Los impuestos sexistas suelen ser definidos como aquellos que gravan o se aplican por alguna condición biológica, sin embargo yo creo que habría que complejizarlo un poquito más porque realmente el ejercicio que se da es un ejercicio discriminatorio.

Básicamente el sexismo que implica una subordinación o discriminación en base al sexo, en este caso de las mujeres frente a los hombres, significa que la masculinidad ha sido asumida como norma, entonces, en cuestiones impositivas se aplica esta norma y se ignoran las necesidades básicas que tienen las mujeres.

Lo que sucede con las toallas sanitarias y los tampones es que quedan excluidos de esa canasta de bienes básicos y esenciales. No se reconoce el consumo de esos productos como una necesidad básica y por eso se les cobra un impuesto, se les cobra con la misma tasa que se aplica incluso a bienes suntuosos.

Al momento de gravar estos productos no lo hacen explícitamente desde esas razones, ¿qué justificación ponen los Estados al cobrar el IVA a estos productos básicos?

Realmente no hay un ejercicio así de justificar en un argumento sexista, es algo que opera muy de fondo en el pensamiento hegemónico que era un poco lo que quería explicar, que se ha asumido lo masculino como norma y eso ha implicado ignorar cuando un cuerpo distinto al de un hombre menstrúa, eso no se reconoce como una necesidad básica, simplemente se invisibiliza.

Por otro lado, sí hay un tema hablando de la cuestión tributaria en sentido más general, de que hay otros productos incluso de primera necesidad que se gravan y tiene que ver con esas estructuras tributarias que son más regresivas, es decir, que dependen más de impuestos indirectos, gravan el consumo y no consideran las diferencias en cuanto a condición socioeconómica o niveles de ingresos.

Esto muchas veces sucede porque no hay una apuesta política por parte de los gobiernos de confrontar a las élites, a las personas más ricas y de obtener la mayoría de sus recursos en las recaudaciones del Estado a través de impuestos directos, que sería considerar a las personas más ricas, gravar las ventas, las utilidades, los patrimonios.

En sentido general y para América Latina, hay unos sistemas tributarios que son muy regresivos, que dependen mucho de impuestos indirectos y dentro de esos impuestos indirectos está ese impuesto sexista a las toallas sanitarias y a los tampones, que es injusto y sexista porque afecta a un segmento específico de la población que son las mujeres y las personas que menstrúan.

Otro argumento que también se usa mucho para este tipo de impuesto es que son más fáciles, los impuestos indirectos gravan el consumo, es más fácil que identificar a las personas ricas y que establecer mecanismos para evitar la evasión. En definitiva, implica también confrontar a esos sectores poderosos para poder realmente implementar ese tipo de impuestos (directos).

¿Por qué son perjudiciales?

Podríamos verlo como en tres dimensiones. Primero la dimensión económica, cuando se aplica este tipo de impuestos a bienes básicos puede generar exclusión, es un bien de primera necesidad y hay algo que se llama “la pobreza del período”, que es cuando personas de bajos ingresos que no pueden acceder a productos adecuados y en cantidad suficiente para una menstruación digna, y se ven en la necesidad de utilizar otros métodos, como capas de tela por ejemplo, o no pueden cambiar las toallas sanitarias con la frecuencia que en términos de salud está determinada. Ahí viene una segunda consecuencia que son los términos de salud de la mujer, lo cual aumenta la probabilidad de sufrir lo que se llama un shock tóxico.

Está la (dimensión) económica que es que no puedo acceder al producto o no puedo tenerlo en las cantidades que lo necesito.

Eso a su vez tiene unas consecuencias en términos de salud e incluso como una tercera dimensión sería en términos de participación social porque se suma a esto el estigma que hay sobre la menstruación porque si no tengo los productos para vivir una menstruación digna, eso limita mi salida a la calle, la ida a la escuela, la ida al trabajo o si no lo tengo en las cantidades que lo necesito, aumenta el riesgo de mancharme y hay toda una serie de tabúes y estigmas alrededor de la menstruación, lo cual se convierte en un desincentivo. “No me voy arriesgar a salir a la calle si me puedo manchar o si se pueden dar cuenta que tengo la menstruación” porque hay un ejercicio de ver la menstruación como sucia, como mala.

Creo que se pueden ver los impactos de manera activa en esos tres ámbitos: económico, salud y participación social.

¿Cómo impactaría en la vida de las mujeres si este impuesto se eliminara? Como en el caso de Colombia que a través de una serie de demandas se logró llevar hasta a 0 el impuesto, ¿cuál fue el efecto?

Lo que se busca con la eliminación del impuesto es la reducción del precio de estos productos para hacerlos más asequibles y que la mayoría de la población que los requiere pueda utilizarlos.

En el caso de Colombia hasta donde me he informado, todavía no existe un estudio sobre el impacto, sobre si realmente se redujo el precio porque también puede ser que se elimine el impuesto y quienes lo producen y lo comercializan no necesariamente reduzcan el precio, sino que mantengan el mismo precio y eso se traduzca en mayores beneficios, entonces, ahí hace falta mecanismos de control de las autoridades, sin embargo esa medida se queda un poco corta. Sí mejora la situación, pero no garantiza a que todo el mundo tenga acceso y ahí puedo pensar rápidamente en la población de las personas que menstrúan que se encuentran en situación de calle. Todavía esas personas, aunque el precio sea más barato, no podrían acceder a estos productos. Yo diría que la gratuidad sea la apuesta.

En México el viagra está exento de impuestos porque está considerado como un medicamento de patente, pero todos los productos básicos de higiene femenina tienen tarifa plena del IVA (16%). ¿Bajo qué lógica se produce esto?

Creo que con base en esa mirada machista y sexista que hay en el análisis de la sociedad en general, la sociedad se ha estructura en base al machismo y ahora estamos peleando y evidenciando cómo en diferentes esferas ha predominado esa visión masculina y cómo eso nos ha colocado a las mujeres en una posición de subordinación.

Aris Balbuena, economista y coautora de la investigación Impuestos sexistas en América Latina. Foto cortesía

Las políticas públicas y las políticas tributarias en específico no son la excepción. Se ignora que las toallas y los tampones son bienes esenciales para un segmento de la población, lo que pasa es que ese segmento de la población no es que es el que en términos hegemónicos se considera el más importante, se ignora su necesidad y por eso vemos que un producto como el viagra sí puede ser considerado como tal y estar exento de impuestos y las toallas no.

También eso nos hace pensar quiénes toman las decisiones, quienes son las personas, los cuerpos que están el poder históricamente y quiénes han estado decidiendo la política tributaria, y evidentemente ahí salta a la luz que han sido hombres o cuerpos que no menstrúan, por eso es fácil de ignorar, no ver eso como una necesidad.

Escocia será el primer país en el mundo en brindar toallas sanitarias y tampones de manera gratuita, ¿los demás países deberían seguir su ejemplo? Usted mencionaba la gratuidad.

Sí, definitivamente creo que esta sería la mejor apuesta, la apuesta que realmente garantizaría que todas las personas que menstrúan tengan acceso a estos productos para una menstruación digna, aún la eliminación del impuesto reduzca los precios, habrá segmentos de la población que por su condición socioeconómica no podrán adquirirlos.

Incluso si vemos estadísticas sobre la pobreza y niveles de ingreso y hacemos un análisis de género, en sentido general en la región de América Latina, las más empobrecidas son las mujeres, las personas que tienen menos recursos propios también son las mujeres.

Por eso creo que sí, la gratuidad sería la apuesta frente a la meta de la menstruación digna.

¿Añadiría alguna otra política tributaria?

Sí, algo que he mencionado en las preguntas es la necesidad de enmarcar una discusión más amplia justamente sobre la justicia tributaria.

Además del sexismo, el impuesto a las toallas sanitarias se enmarca en una apuesta neoliberal de la sociedad y el Estado que se ampara o se refleja en términos de políticas fiscal en sistemas tributarios muy regresivos, entonces en la medida en que se avance hacia sistemas tributarios más progresivos que busque cobrar más a quienes más tienen —esto se logra con impuestos directos— se dependerá menos de impuestos indirectos y en este ejercicio, no puede faltar esa mirada feminista, esa perspectiva feminista, de manera que no solamente se hable de justicia social en términos genéricos, sino también específicos, considerando a las mujeres en esas discusiones y las desigualdades que nos afectan a nosotras de manera particular.

¿Cuánto tiempo tomó la investigación que usted hizo con sus compañeras en FESMINISMOS?

Nos tardamos mucho, pero no fue por la cohesión y la recolección de los datos y de la redacción, sino por cuestiones más operativas, se supone que lo íbamos a presentar al final de 2019 en Colombia, pero había muchas protestas en Colombia, luego en 2020 vino el covid y nos mantuvimos revisando el documento y haciéndole algunos cambios, pero realmente se llevó poco tiempo.

Leer también: La menstruación paga impuestos en Nicaragua

El levantamiento de la parte dura de los datos fue relativamente rápido, diría que unos pocos meses porque la parte de contexto la sacamos de fuentes documentales como la CEPAL, que por ejemplo recoge más datos sobre distintos países de la región y luego ya el ejercicio con compañeras de FESMINISMOS que es como la red dentro de la que surge ese documento, pedirles que levantaran la información sobre las toallas sanitarias.

Ahí sí tuvimos aportes de personas que estaban en los países que podían ir a las tiendas, verificar los precios de las toallas o que también estaban más familiarizadas con los sistemas tributarios de sus países y nos podían enviar la información.

¿Cómo surgió la idea de realizar esta investigación?

Surgió en ese mismo espacio FESMINISMOS, es un espacio que fue articulado por la fundación Friedrich Ebert Stiftung, que es una fundación alemana que tiene asiento en distintos países del mundo y en Latinoamérica.

Realizaron un encuentro al final de 2018 con feministas y nos juntaron para discutir varios temas y si estábamos interesadas a impulsar algunas iniciativas, nos podíamos agrupar y ellos nos brindarían el apoyo para eso. Ahí hablamos del tema de la política fiscal desde la economía feminista, el encuentro giró en torno a la economía feminista y dentro de la economía feminista mis compañeras Natalia Moreno y Catalina Rubilar nos interesamos en la cuestión de la política fiscal. En la discusión, nos contó Natalia la experiencia de Colombia y nos pareció interesante y decidimos trabajar ese tema.

Ilustraciones realizadas por El gato negro lunar

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