Media Cuartilla

“La menstruación es el tabú más antiguo y patriarcal de la humanidad”

Carolina Ramírez es psicóloga, especialista en cultura de paz, feminista, educadora y creadora del proyecto educativo latinoamericano Princesas Menstruantes, cuyo objetivo es romper tabúes y educar sobre el tema a niñas, adolescentes y mujeres adultas.

Autora de los libros “El vestido de Blancanieves se ha teñido de rojo”, “Jardínes Mágicos”, “El aquelarre de las Princesas”, “El juego la aventura del óvulo” y el “Oráculo EmpoderHadas”, fue galardonada como Antioqueña de oro 2019 en la categoría Social y política por el proyecto Princesas Menstruantes, máximo reconocimiento de la Gobernación de esa ciudad colombiana a la labor de las mujeres.

“La menstruación es un proceso natural, pero en todas las culturas aún hoy en día ha limitado a las mujeres, nos ha hecho perder autonomía y es un tema que debe dejar de ser algo íntimo para propiciar políticas públicas acompañadas de la educación en el tema, que no solo permitan el acceso a productos de gestión menstrual, sino también que propicien una deconstrucción de ese modelo heteronormativo hegemónico que ha regido”, explica Carolina.

En esta entrevista cuenta de su proyecto y cómo desde diversos países se educa a las niñas y se realiza activismo menstrual.

¿Cómo iniciaste en este tema?

Mi trabajo siempre estuvo enfocado en el tema de mujeres, toda mi experiencia profesional la he tenido en acompañamiento a mujeres desde diversas áreas y en este mismo acompañamiento a las mujeres fue que comencé a descubrir que tienen una relación muy adversa con la menstruación y menstruar. Fue entonces que comencé a dirigir mi interés desde la psicología hacia esto: por qué pasa, qué es lo que está aconteciendo en este campo y empecé a meterme en ese cuento.

Inicialmente lo hacía con un colectivo de la ciudad y ahí empezamos a generar unos círculos de mujeres en el espacio público para hablar sobre esta situación e indagar. Esos fueron unos círculos de mujeres muy politizados, y a partir de ahí comenzamos como a darnos cuenta qué pasaba y a tener más elementos para el análisis y el trabajo que veníamos haciendo, fue cuando ya empezamos entonces a hacer activismo menstrual en la ciudad, en el año 2013.

¿Cómo se hace activismo menstrual?

Hemos trabajado de múltiples maneras, cuando hay movilizaciones de mujeres, eventos, nos presentamos, hemos hecho activismo menstrual desde carteles y afiches por la ciudad hasta performance hablando sobre el tabú menstrual. Hacemos mucho activismo menstrual en las redes sociales, en las urbes y también en las comunidades solo que con más cuidado porque allá nos enfrentamos a un contexto donde el tema es poco abordado, hay más tabúes.

¿En qué consiste el proyecto que coordinas?

Princesas Menstruantes es un proyecto latinoamericano de Educación menstrual. Nuestro enfoque principal son las niñas y con las mujeres adultas que trabajamos es porque son mamás de las niñas o educadoras.

Utilizamos el nombre Princesas porque nos gusta jugar con los arquetipos de las princesas clásicas y ponerlas a menstruar, como una forma de revertir, de disruptir esas historias clásicas de princesas impolutas. Trabajamos en la transformación de las narrativas que se han creado alrededor de la menstruación.

Para nosotras ese es el objetivo de la educación menstrual, no es hablar única y objetivamente de explicaciones biológicas, no es hablar solamente de insumos para la gestión de la menstruación sino de transformar las narrativas que se han construido alrededor de ella y esto genera que haya otras posibilidades de acceder, utilizar y generar políticas públicas para garantizar el acceso a productos que les llaman de higiene, que es una palabra con la que todo el tiempo estamos contradiciendo.

Carolina Ramírez es creadora del proyecto educativo latinoamericano Princesas Menstruantes.

Hay mucho activismo en contra de ella porque la palabra higiene en América Latina ha hecho mucho daño, porque nuestros cuerpos fueron higienizados por la colonia, entonces esto habla del blanqueamiento de los cuerpos. Sobre todo en las mujeres caló mucho esta forma de violencia y se contuvo en nuestros cuerpos, la higienización no cala igual en los hombres que en las mujeres.

Nosotras lo que hacemos es que, a partir de la transformación de esas narrativas, del cuestionamiento de las narrativas, las niñas, las adolescentes y las mujeres formulen cambios en cómo aceptan sus cuerpos y sus procesos.

¿Cuáles son los tabúes más frecuentes con los que se enfrentan en Colombia y otros países?

En todos los países se han creado narrativas que tienen que ver con alimentos, por ejemplo que yo no puedo comer chile en México, que no se puede comer aguacate en El Salvador y así a cada país que llegamos. Tabúes que se han generalizado y limitan incluso los mismos alimentos, pero no solo en la forma de comer sino incluso en nombrar la menstruación, que es algo que no se puede.

El tabú menstrual es el tabú más antiguo de la humanidad desde pueblos primitivos, limita los alimentos, limita los accesos y cuando analizamos en los procesos de investigación nos encontramos con esa forma de control de la que no se habla incluso dentro del feminismo, pero es una de las formas en cómo a las mujeres se les comienza a excluir de los lugares de poder.

Por ejemplo a las mujeres se les decía que no podían pescar cuando estaban menstruando porque todos los peces del río se iban. Entonces hay una forma de control, de dominación de la mujer que pescaba para alimentarse, y si le limitaban el acceso al río porque está menstruando entonces se cortaba su autonomía porque debía depender de un hombre proveedor para alimentarse ella y sus hijos.

Así como este ejemplo hay muchos en la historia y ya en tiempos más modernos nos encontramos con que las mujeres no podían trabajar en cervecería porque menstruaban, en la actualidad en Japón a las mujeres chef no las dejan trabajar en los restaurantes de categoría, solo trabajan hombres porque dicen que los mujeres no pueden hacer bien ciertas comidas como el sushi porque menstrúan.

Esta es una forma de impedir que ellas accedan a lugares de poder o de mayor capacidad económica, entonces lo que nosotros hacemos desde Princesas Menstruantes es analizar y tratar de cambiar esas narrativas y hacer ver cuál es el trasfondo y a partir de ahí generar cambios.

¿Cuál ha sido la zona más complicada para trabajar el tema de menstruación? ¿Hay alguna resistencia para hablar del tema?

Gracias a las herramientas que hemos diseñado, las metodologías pedagógicas, la forma en la que trabajamos solo con niñas, todo esto hace que aunque las niñas lleguen un poco reacias, cuando comenzamos a narrar el cuento y comenzamos a conversar el ambiente cambie.

Pero sí hemos encontrado lugares donde no es que se nos haga más difícil el trabajo, sino por las narrativas que están instaladas. Por ejemplo hay una zona aquí, una zona minera llamada municipio de Remedios, ahí nos hemos encontrado niñas con demasiado asco de su cuerpo.

Siempre que nosotros íbamos a hablar de útero, vagina, vulva nos decían que si no nos daba pena decir esas palabras o cómo podía nombrar a la vagina sin usar ese nombre tan grosero.

En esta región no era que las niñas no participaran, de hecho sí participaban y participaban mucho, pero nos tocaba esforzarnos un poco más porque fuimos sorprendidas por esas narrativas con tanta carga de misoginia, lo que hizo el trabajo un poco más difícil porque teníamos que trabajar con mucho más cuidado para poder desenmarañarlas sin que ellas se sintieran juzgadas por pensar de esa manera o por decir lo que estaban diciendo. Esto tiene que ver con la narrativa instaurada.

¿Cuál es su opinión sobre algunos productos como la copa menstrual, que han explicado que ayuda a no contaminar el ambiente, o el uso de tampones en niñas? ¿Esos temas cómo los abordan?

Una cosa son los productos y lo segundo está ligado al patriarcado. Pues para mí la copa menstrual es una opción más, no es ni la salvación ni tampoco es el santo grial ni nada por el estilo porque también hay unos discursos en torno a la copa menstrual, que qué bendito eso.

Es como una forma de evangelizar y efectivamente una de las cosas que más nos repiten respecto a la copa menstrual está en ese asunto de responsabilizar a las mujeres de la contaminación y el daño ambiental, entonces ya los varones no contaminan el medio ambiente, está así por las toallas sanitarias y todo el mundo toma Coca Cola y tira el tarrito a la calle pero la contaminación es culpa de las mujeres.

La copa menstrual es una opción más, dice Carolina Ramírez, quien sostiene que son muy pocas mujeres las que pueden acceder a ella por su costo.

La copa menstrual es una opción más como lo son las toallas de tela, como son las toallas  descartables, como son los pantis menstruales. Hay que tomar en cuenta que una copa menstrual es un producto casi inaccesible para la mayoría de las comunidades porque copa original de buena calidad que no altere la flora vaginal cuesta un montón de plata, son muy pocas las personas que podemos acceder a esos insumos.

Los pantis menstruales son una opción espectacular, maravillosa, estupenda pero también las panties son muy costosos, entonces de alguna manera satanizar las toallas descartables y los tampones y decir que no podemos usarlos por qué contaminamos es muy descontextualizada. Es hablar desde los privilegios.

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El año pasado hice una publicación en mi cuenta personal en la que decía eso, que el discurso de copas menstruales para todas era descontextualizado y argumentaba y exponía las razones. Esa publicación se viralizó tan fuerte y había tanta gente que me insultaba por haber dicho eso. Más allá de los insultos fue muy interesante para darme cuenta cómo el patriarcado también está influyendo en los insumos de la gestión menstrual.

Cuando nosotros les presentamos a las niñas toda la oferta de productos de gestión menstrual que existen, entendiendo que muchos de esos insumos no son accesibles para ellas, les contamos las ventajas y desventajas de cada uno de ellos. Planteamos que el tampón no es conveniente por el síndrome del shock tóxico, que es una realidad de la que poco se habla, pero nunca les decimos que no se use por el tema de la virginidad.

Habitualmente nosotras no tocamos ese tema pero las niñas sí lo tocan cuando les presentamos las ofertas de copa menstrual y tampones, y entonces les hablamos que la virginidad es una construcción social y religiosa, y vemos que es puro patriarcado que se disfraza de espiritualidad, y que hay muchas corrientes diciendo que una niña no debe usar copa y comienzan con un montón de discursos.

Lo que nosotras pensamos con respecto a los insumos de la gestión menstrual es primero que se tiene que contextualizar dónde vamos a hablar, cómo vamos a promover. Presentamos siempre las toallas de tela que nos parecen que son una excelente opción para nuestro territorio, donde no hay tanto acceso económico y que a veces resulta ser una opción mucho más favorable para las personas, pero también pensamos que lo que nos importa mucho es que sobre todo las niñas se sientan cómodas desde el insumo que ella decidan usar.

Para mí lo más importante es que la niña, mujer o joven se sienta cómoda. Lo más importante es la comodidad porque ya hemos padecido muchas imposiciones como para seguirlas padeciendo y que se sigan acumulando culpas y mandatos sobre nuestros cuerpos.

Princesas menstruantes ofrece educación menstrual a niñas. Foto cortesía.

Me gustaría que me hablaras de las políticas públicas. ¿Ustedes creen que son necesarias? En algunos países se habla de acceso, reducción de impuestos para los productos o el tema de incapacidad por dolor menstrual.

Yo creo que todas las políticas públicas que se han comenzado a generar son muy importantes, el bajarle los impuestos a las toallas sanitarias, la gratuidad de los insumos de gestión menstrual, las licencias menstruales, son muy importantes, pero hay algo que para nosotras es supremamente importante y es que cada una de esas política públicas que comienzan a emerger, que empiezan a plantearse, tienen que ir acompañadas de un proceso de educación menstrual porque de nada no sirve que haya productos, toallas sanitarias accesibles si las niñas y adolescentes continúan sintiendo vergüenza de menstruar, si las niñas continúa sintiendo que es algo terrible, que las minimiza, que les impide su desarrollo.

Sabemos que todos los insumos para la gestión menstrual tienen impuestos y son de difícil acceso para la mayoría de las mujeres y eso hace que sean mucho más caros e inaccesibles.

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Colombia fue el primer país en lograr una sentencia que dice que a las toallas y los tampones no se les puede cobrar el IVA, eso lo hizo un colectivo de Bogotá, unas chicas economistas que trabajaron mucho para que esto se lograra y fue el año antepasado que se logró, pero ahora se está trabajando para que se cumpla esa ley.

Es importante que como parte de las políticas públicas se hable de educación menstrual y no como hasta ahora, que la única educación que las niñas reciben cuando llega la menstruación es hablarle de métodos anticonceptivos, enfermedades de transmisión sexual, hablarles de que ya puedan quedar en embarazo y esa es una de las narrativas que nosotras decimos: Vengan, ustedes, no se han dado cuenta de la implantación del discurso hetero-normativo hegemónico que se ha hecho históricamente y que nadie cuestiona. Esto debe cambiar.

Creemos que cualquiera de estas políticas públicas que han venido emergiendo en países como Colombia, Brasil, México, El Salvador, Chile y Puerto Rico tienen que ser acompañadas de un proceso de educación menstrual. Eso tiene que ser un paquete.

En el tema de las licencias menstruales puede ser un arma de doble filo para las mujeres en nuestro entorno, en nuestra sociedad. Ya sabemos que a las mujeres las contratan menos que a los hombres porque se pueden embarazar, entonces ahora puede resultar que nos contraten menos porque menstruamos.

Por eso se necesita un trabajo de mucha pedagogía, un trabajo que tenga que ver con la responsabilidad social empresarial o algo así, a ver si puede resultar.

En las capacitaciones que ustedes brindan veo que solo hay niñas, ¿no hay alguna parte en la que ustedes también capaciten a los hombres o a los niños sobre el tema menstrual para que sea un tema inclusivo?

Lo que pasa es que nosotras somos un proyecto independiente y autogestionado, no recibimos recursos de ninguna institución ni ningún ente público o privado, en esa medida nuestro trabajo resulta ser muy limitado.

Hemos llegado a muchísimas escuelas públicas de distintas partes de América Latina, el año pasado hacíamos la cuenta y tenemos un aproximado de 17,000 niñas con las que hemos trabajado desde espacios escolares, pero tenemos limitaciones, así que priorizamos a las chicas, aunque sí consideramos que es importante hablarlo con los chicos.

Durante los procesos de formación buscan desmontar mitos sobre la menstruación. Foto cortesía.

¿Qué posibilidad hay de que el proyecto Princesas Menstruantes se amplíe a otros países de América Latina?

Hasta antes de la pandemia teníamos agenda llena para viajar a otros países porque lo que hacíamos era fortalecer proyectos que ya tenían educación menstrual en otras regiones, por ejemplo en El Salvador, México, Puerto Rico y Brasil, y lo que hacemos es fortalecer y capacitar en la Escuela de Educación Menstrual que tenemos, apoyamos acciones político sociales y como somos un proyecto autogestionado tenemos servicios  de capacitación que son pagos, como cursos formativos, y es lo que nos permite hacer cosas en las comunidades que nosotras nombramos como en situación de abandono estatal.

¿Crees que podamos aspirar a que en algún momento la menstruación sea vista como lo que es, algo normal, y que las niñas no tengan que esconder o sentirse avergonzadas o limitadas por ese proceso?

Pues claro, no le estaríamos poniendo tanto ahínco a este trabajo, esa es nuestra aspiración, es lo que queremos que pase.

No sabemos cuánto tiempo o generaciones más deberán pasar para que esto suceda, pero la revolución ha iniciado porque ver el asunto es reconocer que hay un trabajo qué hacer y este es un trabajo revolucionario.

Realmente creo que todavía las ciencias sociales no han identificado toda la complejidad qué hay en el asunto del tabú menstrual con respecto a la salud física, emocional, sexual, en todas las áreas de la vida de quienes menstrúan.

Creo entonces que comenzar hablar es decir que hay una revolución que ya empezó, que iniciamos y que iniciaron otras mujeres. Siento que esto es sumamente transformador porque hablar de las implicaciones sociales, de las narrativa, va a moverle muchas estructuras al patriarcado porque lo sostiene tanto que por eso se ha mantenido este tema en lo íntimo, en silencio, y claro que estoy convencida que esto va a pasar, ya está pasando porque se empiezan a ver los frutos.

¿Qué cambia en una niña después de un proceso de capacitación sobre su proceso menstrual¿ ¿Qué pasa una vez que acepta su proceso menstrual o normaliza su proceso menstrual, cuál es el cambio más evidente?

Se da en ellas una apropiación de su cuerpo y hay un asunto con la ganancia de confianza en sí misma, una mujer o una niña que se empieza a sentir y a ser más dueña de sí misma.

Cala mucho el tema de la autonomía de los cuerpos y es que hay un asunto bien claro, y es que cuando la menstruación se deja de entender como un proceso despreciable, como un asunto inmundo, la paga por el pecado, entonces es cuando se logra ver la transformación de esa narrativa y cuando se cuestiona esa narrativa, y se llega entender que es un proceso normal. Empieza a operar en ellas una construcción de su identidad, sobre todo cuando son niñas, con mucha más fuerza y mucho más sana, y en las mujeres obviamente un proceso como de reparación a sí mismas.

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