Media Cuartilla

Mi ansiedad y sus capas

Desde mi adolescencia me he relacionado bastante con la ansiedad. Son ese tipo de sensaciones no muy agradables que te da miedo volver a vivir. Nunca las pude identificar, solo me dedicaba a escapar de ellas a través del consumo de drogas. Son traumas maquillados con corrector de distracciones y postergación.  

Recuerdo que en mi casa se recibían todo tipo de visitas y desde pequeña fui creciendo con la idea de que cada invitadx se tenía que sentir en casa y que si esto no pasaba, nosotrxs como anfitriones habíamos fallado. También estábamos fomentando la apariencia de estar bien, en abundancia. A simple vista esto para mi familia era ser educado y servicial, pero para mí fue la creación de una ansiedad cuando no era complaciente.

Ser complaciente es por definición pretender satisfacer las necesidades de alguien, lo que me lleva a analizar muchos ataques de ansiedad incomprensibles por el simple hecho de exigirme más para no solo satisfacer, sino para sobrepasar las expectativas de alguien tanto en mi trabajo como en mis relaciones. Si alguien me trataba mal significaba que yo era la culpable, que algo no estaba haciendo bien.

Leer también: La ansiedad: mi vieja enemiga, mi nueva amiga

Esta capa de ansiedad estaba progresando rápidamente por no trabajarlo a tiempo. De pronto existía una gran preocupación de mi parte por querer agradar a todxs, llevándome a no conocer ni respetar mis límites y no poder decir «no» a situaciones, favores o trabajos que realmente no quería hacer. Una vez una amiga me dijo que siempre me veía con una inmensa nube negra sobre mi cabeza y realmente así me sentía, cansada de seguir intentando ser de la única forma que conocía.

Incluso cuando tengo ansiedades económicas, he identificado que también provienen de la misma necesidad de querer agradar. Me he encontrado regalando los últimos 100 pesos de mi cartera por no poder decir “no tengo” o “no puedo darte”. Siento que una gran decepción recorre mi estómago cuando no lo hago. Me importa mucho lo que opine la gente de mí.

Este tipo de experiencias han sido muy duras porque un día me encontré llena de resentimientos y lamentos, sin saber cómo rescatarme.

Mi espíritu estaba destruido, creí que con meditar y hacer yoga iba a ser suficiente, y por un tiempo me ayudaron, pero me di cuenta que todavía faltaba algo. Pensaba que todas mis ansiedades las activaba el alcohol y las drogas, pero eso solo era la punta del témpano. Arriba estaba mi adicción y abajo mis traumas y miedos mal curados.

Leer también: Elegir amarme

Algo clave para poder recuperarme de este círculo vicioso fue aceptar mi problema para luego buscar ayuda. Encontré grupos de apoyos que tienen programas sencillos para mentes complicadas en donde me enseñaron a rendirme ante mi enfermedad y abrir paso a la reconstrucción. También busqué a una psicóloga para trabajar la raíz principal de mis traumas, y gracias a esto hoy tengo la oportunidad de poder escribir y contarles mi experiencia sin temor de caerle mal o bien a alguien.

Lo único que espero es poder ayudar a cualquier persona que se haya sentido identificadx con mi historia. No estás solx y nos queda un largo camino por recorrer, pero decidir sanar siempre es el mejor camino.

A %d blogueros les gusta esto: