Media Cuartilla

«Bordar para mí se ha convertido en un ejercicio de libertad de expresión»

El bordado está subvalorado porque lo hacen las mujeres y porque está asociado al hogar, sostiene la artista conceptual Aida Castil, creadora de la marca de arte textil Hojita de agua dulce. Ante esto, hay que reivindicar la práctica apropiándose de ella, recomienda.

Bordó por primera vez hace cinco años y desde entonces no ha parado. Bordar es más que pasar la aguja de un lado a otro, dice. Es un medio de expresión, es un lugar de documentación y una actividad terapéutica.

Castil es también investigadora social con especialización en demografía. Actualmente organiza círculos y talleres de bordado, y participó recientemente en el Primer Congreso de Emprendedoras de Bordado. En esta entrevista ahonda en cómo se reivindica el bordado como medio de expresión.

¿Cómo reivindicar el bordado, que históricamente se ha asociado a lo doméstico y a lo femenino?

Para reivindicar algo primero tenés que señalar lo que queres reivindicar. Es decir, señalar la falla que ha habido y por qué históricamente se ha subvalorado a quienes lo hacen.

El bordado ha sido muy apreciado. En todas las sociedades, en toda la historia a la gente le encanta el bordado y ha sido sinónimo de opulencia. Hubo un tiempo en que quienes usaban bordados eran solos los reyes, los santos de las Iglesias y ahora algo bordado sigue viéndose como algo tierno, para los bebés. Si vas a una tienda de ropa, algo bordado usualmente es lo más caro. Sin embargo, el hecho de que quienes hagan los bordados por lo general sean las mujeres es un problema porque el trabajo feminizado ha sido subvalorado.

Además, se asocia a una labor del hogar, incluso a muchas mujeres les enseñaban a bordar como parte de clases que se llamaban labores del hogar. Mientras ellas bordaban, los hombres recibían clases como carpintería, más orientadas a un oficio.

Entonces es por dos vías que (el bordado) ha sido subvalorado: porque lo hacen las mujeres y porque está asociado al hogar o a lo doméstico. Creo que para reivindicarlo hay que señalar esas fallas que ha habido culturalmente para posicionar al bordado y a quienes hacen ese trabajo como algo que merece su lugar, su respeto y su remuneración.

En segundo lugar, la reivindicación se da con una apropiación. Es decir, no renunciar al carácter femenino y doméstico que tiene el bordado, pero entender que hay muchas más posibilidades. Hay personas que bordan piezas de arte, hay personas que bordan memes o bordados muy contemporáneos que nunca se habían visto antes en la historia hasta recientemente con las nuevas generaciones y el boom de Internet, bordados que tienen que ver con imágenes y cuestiones más coyunturales que pasan en el día a día de la sociedad.

Aida Castil, artista conceptual y creadora de la marca Hojita de agua dulce. Foto cortesía.

Antes se bordaban patrones que ya estaban hechos, dibujos que prácticamente solo los copiabas. Era inusual que una mujer bordara algo de su propia creación. De ahí viene la reivindicación, podes hacer lo que vos querrás con este medio. Es un medio artístico, es un medio de expresión.

En mi caso, la forma en que confronto esas contradicciones, la forma en que lo reivindico es bordar a mujeres en protestas, a mujeres defendiendo sus derechos y los derechos de todas, ya que siento que va de la mano con la visibilización de los trabajos feminizados, de los oficios y la lucha de nuestros derechos.

Cuando pongo una imagen de una abuelita protestando en formato de bordado le doy la vuelta a la tuerca. El bordado siempre se asocia a las abuelitas y de repente ves a una abuelita protestando en un bordado, es como que el círculo se completa.

¿Qué significa bordar para vos?

Bordar para mí se ha convertido en un ejercicio de libertad de expresión porque hay mucha potencia en los mensajes, en las consignas, en las demandas, en las imágenes que yo bordo. Hay mucha fuerza. Son cosas muy relacionadas a demandas sociales y tienen mucha fuerza porque el bordado lleva tanto tiempo hacerlo que realmente tengo que estar muy enojada con algún tema o tiene que ser un tema que me trastoca mucho para tener la energía, el tiempo y la paciencia de bordar sobre eso. Por decir algo, violencia de género u otras cuestiones sociales. Es un ejercicio de libertad de expresión.

El bordado es el medio en el que me siento más cómoda expresándome. La recepción del público es muy positiva. Recibo muchos comentarios de personas que se identifican con lo que hago. Creo que eso es parte del ejercicio de expresión.

También es un lugar de documentación, que es algo que históricamente se ha hecho. Los textiles o los tejidos en muchas civilizaciones y comunidades indígenas que sobrevivieron a las colonias, tal vez les destruyeron sus libros o sus códices, pero sobrevivieron sus tejidos y así sobrevivieron sus historias, sus cosmovisiones.

A mí me ha servido como una forma de documentar los procesos personales o ciertas vivencias que he tenido. Por ejemplo, con la represión del 2018 bordé muchísimo. Ahora veo esos bordados y veo el dolor por el que estaba pasando, hay bordados muy dolorosos. He bordado cosas que tienen que ver con la aceptación de mi cuerpo, cómo yo voy aceptando que con el tiempo el cuerpo cambia y cómo me siento en este momento con mi cuerpo. He bordado cosas muy banales, como mi película favorita.

Por otro lado, bordar es una terapia ocupacional. Ha sido muy terapéutico para mí tomar el bordado en momentos de ansiedad, sobre todo en estas crisis, tanto en 2018 como en la pandemia que nos han empujado a estar dentro de los hogares. Dentro de mi hogar, en mi intimidad, he podido bordar y no solamente me ha servido como terapia para calmar mis pensamientos, regalarme un tiempo para mí misma y relajarme, sino también para conectar con otras personas que a lo mejor sienten algo muy similar y que también bordan por una cuestión del estado anímico.

¿Cómo nace el bordado de protesta?

En mi caso fue muy repentino. Las primeras cosas que estaba aprendiendo siempre eran flores, es lo que más abunda en el bordado, bordar patrones de flores, bordar mi nombre. Sin embargo, mi segundo o tercer bordado era una imagen de mujeres en protestas. Esto fue en 2016. Son imágenes que para mí son muy importantes, sobre todo imágenes recientes, ya que en Nicaragua abunda hasta cierto punto imágenes de mujeres “empoderadas”, guerrilleras o de los setenta, pero no hay muchas referencias visuales contemporáneas de mujeres en protesta, hasta en 2018. Son imágenes que a mí siempre me han cautivado.

Aprendí a hacer dos puntadas y dije que quería bordar una imagen de un fotoperiodista que me causaba mucha emoción. Creo que bordar esa protesta, era una abuelita que estaba tratando de llegar a su casa entre las balas de los antimotines en 2015, para mí fue devolverle la mirada a esa situación.

A través del bordado posiciono esas imágenes contemporáneas de mujeres de todas las edades, no únicamente el discurso de mujeres jóvenes, mujeres que se defienden y defienden sus derechos. Eso es lo que persigo también con el bordado: cautivar, llamar la atención, posicionar cosas en la mente de las personas y hasta cierto punto en la memoria colectiva.

El bordado de protesta existe desde hace decenas de años. Ha habido todo tipo de bordado de protesta desde siglos anteriores, mujeres que escribían con sus puntadas, con sus hilos y sus agujas, escribían quejas y era una forma de protesta en aquel entonces, hasta mujeres de la tercera ola feminista en los años setenta que hacían piezas y obras de arte con bordados, con textiles como una forma de protesta.

Sí hay una tradición bien larga y yo me enmarco en esa tradición, me sumo a ese tren por así decirlo. Es una forma de tomar el bordado desde su carácter tierno, compasivo, porque es una tela y es algo chiquito, delicado, femenino, algo que aspira a ser perfecto, algo que aspira a ser lindo, para confrontarlo con una demanda social. Siento que no es suavizar la demanda social, sino que es reivindicar la ternura hasta cierto punto.

Hay una bordadora de México que me gusta mucho, dice que bordar es reivindicar el derecho a la ternura. Hemos perdido maneras de demostrar ser tiernos con nuestro propio entorno, sobre todo en países que hemos pasado por tantos conflictos.

Bordar me recuerda que estoy haciendo un acto tierno, pero al mismo tiempo estoy enojada. Son contradicciones: ¡Estoy tan enojada que quiero bordar! Hay personas que están tan enojadas que quieren salir a la calle a gritar, a mí también me gustaría hacerlo, pero en el contexto actual no se puede, entonces estoy tan enojada y tengo tanta molestia sobre ciertos temas que encauso esa energía en pasar horas, días, incluso semanas bordando algo relacionado a una protesta.

Con el bordado Aida Castil quiere posicionar mensajes y reivindicar los derechos de las mujeres. Foto cortesía.

¿En qué momento se empieza a hacer activismo a través del bordado?

Para mí hacer activismo es previo a bordar. Antes de bordar yo estaba en unos talleres como estudiante de investigación artística y una de las corrientes que estudiamos era el “artivismo”, ya tenía cierta noción de qué significaba eso.

Con el bordado me introduje a algo más específico dentro del artivismo, que se llama craftivismo, que es la idea de retomar las manualidades o a lo que se le ha llamado artes menores, que nuevamente están asociadas a las mujeres y a las artesanías.

Hacer artivismo con esos medios, con el tejido, con el bordado, con el papel maché, ese tipo de cosas, ese es el craftivismo. Tiene una fuerza muy grande tomar materiales tan cotidianos y transformarlos en una protesta. Es algo que se ha visto en algunas protestas de Estados Unidos, hay mujeres que bordan sus carteles, hay distintas asociaciones de víctimas en países como Colombia o Chile que bordan escenas de crímenes que sucedieron y los ponen a la vista de todas las personas, que todo mundo los vea.

Leer también: Relatos desbordados

Ya venía nutriéndome de esta parte académica, entender cómo se hace la corriente del craftivismo, sobre todo en Latinoamérica. Lo que yo hago empezó a tomar ese perfil también. Al inicio era yo queriéndome expresar, pero cuando miré la cantidad de gente que se identificaba, muchas personas usan las fotos de mis bordados en sus fotos de perfil.

Eso me pareció súper tierno, que algo tan pequeño y a la vez tan delicado al mismo tiempo tenga la fuerza simbólica necesaria para que otras personas se identifiquen con eso. Creo que eso es parte del craftivismo, que hay mucha sinceridad en el acto, es un acto tan manual, tan artesanal, es un acto muy sincero, es un acto muy tierno, es muy cautivante y resuena en muchas personas.

¿Por qué cada vez hay más interés en el bordado de protesta?

Creo que se remite a que ha habido crisis que nos han empujado a estar dentro de nuestras casas. En el 2018 hubo una explosión social, pero después hubo mucho miedo, mucha zozobra y la gente estaba resguardada dentro de sus casas y con la pandemia pasó lo mismo.

Por un lado tenés que buscar actividades para hacer en tu casa y por otro lado, la gente está buscando actividades que les den un respiro, que las calmen, que desaceleren sus pensamientos y el bordado tiene esa cualidad. No es para todo el mundo. Hay personas que se relajan cocinando, yo me estreso cocinando, hay personas que se relajan cantando, corriendo, bailando, el bordado es como una actividad más que funciona para algunas personas, pero para otras no.

También creo que es porque en Nicaragua hay una tradición textil muy grande, no sé si hay una tradición de bordado de protesta, pero todas las personas tienen a alguien en la familia que borda o conocen a alguien que en algún momento hizo un bordado o un tejido. También tienen una cualidad que te conecta con tu sistema familiar o tu ancestralidad o con tu legado familiar, y siento que estas crisis que hemos pasado las familias se han visto tan rotas, tan separadas, tan desintegradas que humanamente estamos buscando como conectar nuevamente con eso.

Hay una comunidad inmensa en Instagram, Tik Tok, Pinterest, una comunidad de bordadoras que también están haciendo lo mismo y todo el tiempo una misma se está nutriendo de esas influencias. Hay mucha motivación para hacer craftivismo con el bordado.

¿Cómo fue que surgió la idea de hacer círculos y talleres de bordado?

Los talleres son clases que empecé a dar en febrero de 2018. Empezó por insistencia de varios amigos y amigas, conocidas y personas desconocidas que vieron mi trabajo en redes sociales y me decían “enséñame, enséñame”.

No estaba lista al inicio, pero me fui programando, fui tratando de crear una metodología para dar clases y así surgieron. Me mantuve por mucho tiempo dando clases hasta que llegó la pandemia. Los talleres son de las cosas que más agradezco del bordado porque en mi otra carrera también soy docente. Poder ejercer la docencia en algo que me gusta tanto como el bordado me hace muy feliz, también me hace muy feliz conocer a tantas personas, conectar.

Los talleres han sido eso, un espacio de encuentro con tanta gente diversa, de todos los lugares, mujeres de todas las edades, de todas las procedencias que no sé si las hubiera conocido en otro contexto.

A partir de ahí conocí a más entusiastas del bordado, hasta que llegó la idea de crear un proyecto artístico que involucraba al bordado. Junto con Managua Furiosa desarrollamos una exposición artística para demostrar que el bordado no solo tiene esta dimensión doméstica, sino que también tiene una dimensión de craftivismo, una dimensión terapéutica, cuando hablo de terapéutica me refiero a que muchas personas bordan sus duelos, tiene distintas dimensiones. La exposición era para eso.

Para llegar a la exposición desarrollé un sinfín de talleres creativos, artísticos y conceptuales para que cada persona tuviera las herramientas necesarias para hacer un bordado conceptual. Las primeras sesiones fueron sobre explorar dos elementos muy importantes a nivel técnico del bordado, que es el uso del color, las paletas de colores, lo que simboliza cada color y lo mismo con las texturas, la textura en el textil comunica cosas distintas, te hacen sentir cosas distintas. Es como si el color fueran las consonantes y la textura las vocales en el lenguaje del bordado.

También tuvimos sesiones más introspectivas, donde hablamos temas relacionados a nuestros cuerpos, a nuestras familias y al contexto en que vivimos. La idea era utilizar la metodología de círculos de mujeres, que son espacios de sanación, sororos, confidentes, lo que ahí se habla, ahí se queda. El bordado fue la excusa para encontrarnos y al mismo tiempo el medio con el cual vamos a documentar algún tema del que queríamos hablar.

Así surgió esta exposición y este círculo de bordados, que fue en octubre de 2019. De un tiempo para acá ha ido creciendo y ha ido abarcando otros aspectos. Hicimos un círculo de mujeres para el 8 de marzo del año pasado para hablar de las víctimas de feminicidio. Fue una sesión muy fuerte, muy sentimental, pero hemos hecho actividades más relajadas. No queremos estar todo el tiempo en introspección o tristes.

Recientemente apostamos a otra necesidad que el mismo círculo permitió identificar, que es la cantidad de emprendimientos nuevos de bordado a mano y que muchas de las muchachas no saben cómo mantener su emprendimiento en el tiempo, no cuentan con las herramientas necesarias para justificar el precio de sus productos, son precios muy bajos.

Un grupo de emprendedoras fuimos identificando dentro del círculo, porque no todas somos emprendedoras, esas necesidades y fuimos amarrando la idea de hacer un congreso de emprendedoras del bordado junto con Managua Furiosa nuevamente, y nos permitió conectar con personas que están generando ingresos para sus hogares dentro del bordado a mano y compartir herramientas e información que nos permita hacer más sostenibles a nuestros negocios.

¿Qué tal fue tu experiencia en el Congreso?

Fue súper linda, revitalizadora, fue un plus de motivación. Personalmente he dejado de bordar por una lesión que tuve y porque ya no tengo tanto tiempo como antes, pero conectar con el bordado desde otra perspectiva me hace pensar que bordar no solamente es pasar la aguja de un lado a otro. Bordar es una actividad con un legado cultural y social muy grande, muy importante y lo veo a través de las que participaron en este congreso, que sienten tanta pasión por bordar, tantas ganas de echarle ganas a sus emprendimientos.

Fue una experiencia que me dio mucha motivación de seguir haciendo cosas similares, de seguir leyendo, investigando, indagando formas de entender. Porque muchas veces cuesta que el público entienda por qué un bordado te puede costar hasta 100 dólares, qué es lo que están pagando cuando compran una pieza bordada.

Eso es algo que cuesta mucho y a las emprendedoras les cuesta justificar sus precios, que no solamente es la cantidad de horas que sentás a bordar, es todo lo que invertís en aprender, todo lo que invertís en ensayar, todo lo que invertís en hacer un boceto, borrar, volverlo hacer, ensayo, error. Y es todo este legado, histórico, ancestral y femenino que viene de antes que nosotras al que hay que honrar, y una forma de honrarlo es estar claras que el trabajo que hacemos es un trabajo digno y es un trabajo que merece ser remunerado de una forma correcta.

A %d blogueros les gusta esto: